sábado, 25 de abril de 2020

A la de cuarenta y dos: preparados, listos…




Empieza el ramadán, sí. En otro orden de cosas no he dormido en toda la noche, sí también. Y en otro orden, más bien desorden, ciertas obligaciones nos comen el terreno de tal forma a los mortales que estamos al límite, y eso se huele en el ambiente. Sí, amigos, así funciona el puto mundo occidental, el jodido capitalismo y su putito barato: el neoliberalismo. Parece que no tenemos que hacer nada, que somos seres libres y de luz incluso durante el confinamiento, pero es todo mentira, un patraña descomunal, una puta mierda como un piano de grande. Por un lado te dejan sin curro, ofreciendo al gran empresario la opción de reducir gastos y no tener que pagarte, para así aguantar esta crisis, y por otro, te obligan a pagar todo igual que antes (los servicios, la comida, el alquiler, los suministros…)
haciendo que el gran empresario no deje nunca de recibir dinero, por poco que sea. Joder, que bien, es como el ciclo del agua, y nosotros como los salmones, y los empresarios como los jodidos osos grizzly. Si eres un pequeño autónomo ya no digo nada, y si tu actividad es artística date por muerto, somos carnaza, y cuando nuestra función ya no es útil pasamos a ser carroña, y entonces nos comemos entre nosotros (ya más patético no se puede ser).
    Lo mejor que podemos hacer es comprar un arma en el mercado negro, desinfectarla bien con gel hidroalcóholico, acudir al Mercachuflas más cercano y matar a toda la gente que hay en la cola, indiscriminadamente, incluido el guardia de seguridad y a un par o tres de los policías que lleguen (fundamental esto último). Con suerte, irás a la cárcel, y allí te conseguirán un curro y serás un jodido héroe por matar maderos. Tendrás un techo, comida, biblioteca, gimnasios, televisión por cable y mucho tiempo para masajearte los testículos o, en su defecto, la vagina. El único fallo es que estarás privado de libertad, vamos, el mismo fallo que estando a este lado del muro.

En vivo y en directo:
    Son las 8:21 am. Tengo la lengua agrietada de respirar por la boca, y me escuece. Antes de ayer me torcí un tobillo y me duele bastante. Tengo ganas de fumar, de beber, de follar, de reventar un escaparate y de quemar un contenedor. Estoy sentado delante del ordenador y no siento la inspiración de ayer, que estaba feliz escribiendo. No me ha sentado bien pasar la noche en el jodido sofá (para no despertar a mi hijo roncando, porque resulta que ahora ronco), sin dormir, con la puta gata dando por el culo todo el rato. No me sienta bien tener un hijo que no para de quejarse en todo el día, durante cinco meses, sin parar. Eso sí, mi vida está dominada por el amor hacia él, por muy infernal que sea. Le cuidaré hasta que no me queden fuerzas, y lo mismo con Lidia, y con mi hermano y con la poca familia OpenCity.