domingo, 22 de marzo de 2020

8: Gran pastel de heces




Coronavirus, confinamiento, miedo colectivo y muerte, factores más que suficientes para que la ecuación del caos nos ofrezca un valor único en nuestros tiempos. Está claro que elegí mal año para dejar de fumar, mal momento para tener un hijo y muy mal día para adoptar una cachorra de pitbull. Así somos en esta casa de locos, nos guiamos por impulsos emocionales.
    En fin, no importa, mi objetivo es sobrevivir y hacerme más fuerte.
   
Cambio de tercio:
    Hace apenas seis horas estaba leyendo y corrigiendo los textos de mis amigos de Grupo Salvaje que, básicamente, son los mismos a los que publico en Open City (en realidad publicamos juntos) y los  mismos que hemos decidido crear este libro. Leer sus crónicas reflexivas me ha hecho pensar en muchas cosas. Lo primero y más importante es que son mis amigos (así lo siento). No importa la distancia que nos separa, da igual que no nos conozcamos en persona o que cada uno pertenezca a un mundo distinto. Hay algo que nos une, algo que va más allá del entendimiento borreguil.


    Juan Cabezuelo y Oscar Ryan me han ayudado más que cualquiera de mi familia en los últimos años, y eso para mí no tiene precio. Por nada del mundo los abandonaría a su suerte. Pensar en que puede pasarles algo me pone nervioso.
    Por otro lado está mi hermano (mi mejor amigo, sin duda), que hasta hace dos días le estaban obligando a currar. Si fuera médico lo entendería, pero resulta que es jardinero en un complejo deportivo que permanece cerrado (¿…?). Por suerte, hasta que pase la tormenta ya no va a ir más. Se quedará confinado en casa con su chica, otra que por suerte ya no tiene que currar más (conducía un UBER).
    Mi único y egoísta deseo es que todos ellos se queden en casa y no salgan. Lo mismo que vamos a hacer nosotros, los Liadianis (nombre cariñoso con el que nos referimos a la familia). Por nada del universo arriesgaría la vida de mi mujer, mi hijo y mis peludos compañeros. Cavaremos una profunda trinchera y haremos fuego con los restos de una sociedad cada vez más muerta.

Apunte:
    Cuando pase el temporal analizaremos qué cojones ha pasado. Está claro que existe cierta nota que pende de la duda, un sabor a dejadez gubernamental y  caos azaroso que deja cierto regusto amargo en la boca. No entiendo muchas cosas, y me hago preguntas. Pero no es el momento, ahora toca sobrevivir.