martes, 17 de marzo de 2020

Apocalipsis crónico (del día -6 al 3)

Si digo que no me importa una mierda la humanidad tenéis que creerme. Me importan algunas personas, más de las que parecen y muchas menos de las que deberían. No me ha hecho falta vivir todo esto en primera persona para darme cuenta, lo sé de antes.
    Coronavirus: fallo sociopolítico de magnitud catastrófica.
    En efecto, tenía que ser un virus el que nos mostrase las costuras de un traje mal diseñado de origen.
    Pero tranquilos, no tengáis miedo, es la historia repitiéndose de nuevo. Como siempre. Con su vestido de gala y sin bragas.

Lo más gracioso de todo es mi situación actual. Padre de un niño de tres meses y medio. Casado hace cinco meses con la mujer de mi vida. Y viviendo un momento feliz salpicado desde el principio por la
puta vida. La jodida realidad. Crudeza enfermiza.
    Sí, amigos, trabajo en una cárcel. Construida en el maldito epicentro del foco contagioso del país —Valdemoro—. Un lugar en el que todo el mundo se tomó a coña el virus. Incluso hace seis días, cuando la cosa parecía bastante seria, nadie tomó medidas de ningún tipo. Ni desinfecciones. Ni aviso a trabajadores. Ni prevención. Nada de nada.
    Es muy fácil culpar a los demás de tu propia incompetencia. Por mi parte y la de mi familia, aunque pensemos que detrás de todo este tema se esconde algo más, hemos decidido ser cautos y anteponer nuestra salud a cualquier tipo de interés económico o relacionado con el jodido bienquedismo.