lunes, 16 de marzo de 2020

Día 0. Es el momento de entrar en pánico

Desde la administración intentan tranquilizar a la población. ¿Surte efecto? No estoy del todo seguro. Observo que nos hemos dividido en tres grupos sociales. Los concienciados con las medidas a tomar, se resignan y creen a pies juntillas lo que les dice el estado. Nos bombardean en las redes hablándonos de responsabilidad, de la importancia de seguir las normas establecidas en aras de alcanzar la victoria. Todo tiene un cierto aroma a naftalina, a producto prefabricado, a épica guerrera donde cantamos, nos aplaudimos y hacemos el signo de la victoria como en los tiempos en que Churchill animaba al pueblo a vencer a las tropas alemanas. No niego que este sector de la población (al menos en su mayor parte) son gente buena, y sus propósitos son nobles. Sin embargo, me cuestiono si quienes están favoreciendo este posicionamiento, lo hacen en nombre del bien común, o por tratar de infantilizar aún más al pueblo.  Como decía Stanislaw Jerzy Lec: “Todos desean vuestro bien. No dejéis que os lo quiten”.
 Luego tenemos a los descreídos, los teóricos de la conspiración, y los irresponsables despreocupados. Y creo que son el grupo que me da más miedo. Aquí haría una subdivisión, por un lado, los que ven en todo un motivo escondido. Desde los que aseguran a ciencia cierta que saben que el virus se creó en un laboratorio militar para masacrar a la población, o los que afirman que es producto de los iluminati o los reptilianos. Por otro lado tenemos a los despreocupados irresponsables (o pasotas) que no van a aceptar ninguna norma impuesta. ¿Quién me va a decir a mí si puedo ir al bar, a la discoteca, o cuántas copas de vino me puedo tomar? Al más puro estilo aznariano.
   Dentro de este subgrupo hay gran cantidad de gente joven, y sin compartir su actitud, al menos los entiendo en cierta medida. ¿Quién no ha sido joven y creía que era inmortal? Es común en la gente joven con tanta vida por delante (en teoría) creer que la muerte no es una cosa que vaya con ellos.
  Por último está el tercer grupo, en el que me encuentro. Yo los denominaría “Entrepintoyvaldemorologistas”. Somos los de ni contigo ni contra ti. Aceptamos las normas del confinamiento, pero no por ello lo hacemos sin cuestionarnos que hay detrás de ellas.