lunes, 16 de marzo de 2020

A dos días del inicio del fin del mundo

Hasta hoy, y pese al bombardeo constante de los medios, parecía que el coronavirus era cosa de otros países. Celebramos el domingo una gran manifestación, fuertemente concurrida, con la inocencia del despreocupado, o del que no quiere ver (que es aún peor).
   Pero el enemigo ya ha traspasado nuestras puertas. Como rezaba la canción, solo se abrían si eran la rosa y el clavel, pero nunca para el sable y el coronel. Desde luego no sé si habrán estado esas flores, pero por lo visto, si lo ha hecho el maldito virus gracias a la ineptitud de nuestros capullos dirigentes.
   Los reproches no sirven para nada, así que no le dedicaremos más tiempo, o sí… ya veremos. Por ahora prefiero analizar el día a día de esta reclusión forzada a la que nos vamos a ver sometidos todos.