martes, 17 de marzo de 2020

Dia 2: Grilletes.

No sé ni como ni por qué. Me encuentro corriendo hacia la habitación donde tengo mi estimado cancerbero,  mis nudillos se acoplan a la perfección en sus sinuosos agujeros,  el color dorado refleja mi mirada. Ojos sanguinolentos, mirada torva pero a la vez chispeante por la inminente celebración… el sacrificio del individuo menos apto o simplemente la persona que mi cerebro relaciona como el más gilipollas que ha pasado por delante de mi ventana.
    ¡Con “el puño de hierro" cancerbero bien acoplado en mi mano derecha acelero el ritmo de mis pies, como alma que persigue el Diablo! ¡Corro!... ¡Esprinto! Hacia las escaleras. La adrenalina se me dispara.  Abro la puerta,  salgo a la calle. Sin mediar palabra regulo mi respiración a la vez que mis pasos se hacen más lentos mientras me dirijo  al individuo en cuestión. Pelo largo con incipientes entradas,  en cuestión de un par de años sería calvo,  pienso aliviarle de su problema de alopecia. Su barba recortada me apunta como incitándome, provocándome a hacer lo que tengo que hacer.


Lo agarro por los pelos,  bajo su cabeza hasta que mi rodilla impacta una sola vez en su odiosa mandíbula.  El crujido de sus dientes en mi rodilla me provoca una sonrisa involuntaria que se evapora al ver mis tejanos sucios con su sangre.
    —Hijo de puta!! Me has manchado los pantalones que mi mujer acaba de lavar.
   Cancerbero empuja mi puño hacia su cara sin buscar un objetivo concreto,  tan solo quiero escuchar la música que provoca el puño americano al partir hueso ¡crack!..!crack!... más sangre, a raudales. Ya no me importa  mancharme la ropa…
   El sonido de sirenas se amortigua por el crujido de huesos rotos, mientras los chasquidos provocados por cancerbero se metamorfosean en un sonido de succión y chapoteo. El sonido de las sirenas se agudiza… un impacto y el sonido de unos GRILLETES me sacan de la somnolencia.  Abro los ojos, me levanto del sofá con una sensación de ligereza y bienestar. Me dirijo hacia la ventana… nadie en las calles, silencio.
    Me encuentro renovado, purgado como si el sonido de los GRILLETES de mi sueño me hubieran dado una bola extra en paciencia y tolerancia en este confinamiento.  De momento esto me sirve, ¿hasta cuando? No lo sé.