martes, 17 de marzo de 2020

Día 2 – El Apocalipsis nos da poderes.


La increíble evolución humana acelera sus pasos estos días críticos. Los presentadores, contertulianos, “opinadores” a sueldo de nuestros medios de comunicación, han pasado de no saber hacer la O con un canuto a ser expertos en microbiología. ¿Es este nuevo virus como la araña que picó a Spiderman? ¿Nos dará poderes mentales que hasta ahora estaban reservados para una elite intelectual? ¿Pasaremos del “Por mi hija MA-TO” al “Este virus MA-TA” a la velocidad de la luz?

Me siento como Jack Torrance. Creo que podré vencer el bloqueo a la escritura que me tiene paralizado desde hace algunos meses. Mis amigos me preguntan si voy a publicar una nueva novela y les miento diciendo que sí. Las ideas fluyen por mi cabeza, pero no se materializan en ningún folio en blanco. 
Hace tiempo que estoy más preocupado por la subsistencia económica que por el arte. Y esos dos conceptos luchan en mi mente cual ángel y diablo indicándome que es lo que debo hacer. ¿Ha sido este apocalipsis una bendición divina? ¿Me va a dar los poderes de la escritura lucida?

Del tema económico hablaremos más adelante (tenemos muy a mi pesar, días de sobra), quiero exponer quejas y reivindicaciones que me gustaría hacer públicas, Sin embargo, hoy me apetece hablar del plano personal y artístico.

No me recluyo en un hotel como Jack, Lo hago en mi propia casa (más bien del banco) rodeado de mis seres “queridos”.

Del mismo modo que nuestros vecinos y conciudadanos nos miran con un temor, que en los próximos días estoy convencido que se va a convertir en ira, envidias y ansias de matar, yo miro así a mi familia. No es lo mismo pasar un rato junto a los tuyos por libre elección, que estar obligado a pasarlo. El tiempo pasa muy deprisa dicen… menos cuando tu estas encerrado contra tu voluntad.

Toda mi vida leyendo novelas y viendo series sobre el apocalipsis. Me imaginaba como el héroe del relato, sobreviviendo, luchando contra todo y todos, menos la gente que permaneciera a mi lado. Formaríamos un grupo de resistencia, y lucharíamos contra los malos… o contra los buenos en todo caso (siempre he sentido atracción por el lado oscuro)

Y ahora me veo aquí. Sentado frente a un ordenador, comiendo doritos y bebiendo cerveza. La épica ha muerto. Me lo dicen mis voces interiores. Las misma que me susurran silenciosamente cosas sobre mi familia.

—Mátalos. Mátalos, mátalos.