martes, 17 de marzo de 2020

Día 3, 17 de marzo.

  Durante toda mi vida he visto como la perdición caía sobre mi mundo conocido; de forma literal. Nunca han sido sueños, supongo que será otra cosa o estaré como una regadera. En mi familia siempre hemos tenido un vínculo con lo sobrenatural y he aprendido a ver los mensajes pero no el código exacto para descifrarlos.

   Esta mañana he vuelto a cumplir con mis rituales mañaneros; tomarme un café, tratar de plantar un pino (esta vez sin éxito) y salir tarde de casa como todas las mañanas para llegar tarde al trabajo. Las calles están cada día más vacías y mi trabajo me resulta más inútil que nunca, sobre todo teniendo en cuenta que soy el jardinero de unas instalaciones deportivas. Los animales cada día están más a gusto, con menos soplapollas molestándolos y al menos le puedo sacar una cara amable a todo esto. Las pocas noticias que me llegan son desesperanzadoras, pero eso es historia de toda una vida. Me queda seguir vivo y comprobar periódicamente que las pocas personas que me importar un carajo están bien.

   Hoy han vuelto a salir unos cuantos vecinos a aplaudir al vacío, menos que ayer y menos todavía que el día anterior.