Sigo en mi cautiverio escuchando música. Bueno, en realidad no es una novedad, ya que es algo que realizo habitualmente. Forma parte de mi vida desde que de niño escuchaba en el coche de mi padre canciones de Frank Sinatra y Elvis Presley. Esa es la única herencia que me ha dejado mí progenitor. Menuda putada os diréis ¿verdad?... Pues sí, no lo voy a negar. Pero, si lo pensamos fríamente, este legado ha marcado lo que soy hoy en día, con todas sus bendiciones y maldiciones incorporadas, ya que todas las monedas tienen dos caras. Bueno, todas no, las de los tahúres del Mississippi no. ¿Os encontráis leyendo un texto escrito por uno de esos trúhanes? No digo que no… ni tampoco que sí.
Todos somos un poco tramposos en esta vida. Como decía aquel hippie de los evangelios: “Que tire la primera piedra el que esté libre de pecado”. ¿Quién no ha mentido a sus padres, ha faltado a clase en el colegio, o se ha escaqueado en el trabajo?
Entonces me pregunto: ¿Vamos a hacer alguna trampa en estos días de confinamiento? ¿Haremos un túnel para escapar sin ser vistos, como en “La gran escapada? ¿Fingiremos que un peluche es un perro vivo, para poder hacer ver que lo paseamos? ¿Iremos a comprar dos o tres veces al día para pisar la calle?
El ser humano es por naturaleza egoísta y egocéntrico (salvo Teresa de Calcula y tú, claro) por ello, busca la forma de prevalecer sobre los demás. Aunque nos disfracemos de “pagafantas” y queramos mostrar al prójimo que lo principal es el bienestar de la sociedad, el único bien que nos importa es el propio.
Ahora está de moda criticar a los egoístas que se saltan las normas establecidas por el estado, a los que hacen acopio de papel higiénico y alimentos básicos como si no hubiera un mañana. Y ojo, yo soy también el primero en criticarlos. Pero, ¿somos conscientes que son personas presas del miedo y del pánico?
En realidad, solo están en un estado de temor (o lucidez, según se mire) más avanzado que el nuestro. ¿Cuánto tardaremos los demás en alcanzar ese estado de pánico del “sálvese quien pueda”? Solo es cuestión de tiempo, y precisamente eso es ahora lo que nos sobra.
Todos estamos embrutecidos y por tanto nuestro colectivo también lo está. Es curioso que entre sociedad y suciedad solo exista una letra de diferencia. ¿Premonición, mensaje oculto de nuestros ancestros?
Bueno, basta de malas vibraciones. Disfrutad, amigo míos, de vuestro encierro carcelario. Yo empiezo ya a cavar el túnel de marras.
Por cierto, según cuentan las malas lenguas (prensa nacional) dentro de poco, nuestro amado Felipe uve palito se dirigirá a la nación para darnos los consejos (como buen padre) que harán que salgamos todos de este catastrófico y apocalíptico escenario.
No me queda, de momento, más que añadir. Tan solo gritar desde mi balcón:
Todos somos un poco tramposos en esta vida. Como decía aquel hippie de los evangelios: “Que tire la primera piedra el que esté libre de pecado”. ¿Quién no ha mentido a sus padres, ha faltado a clase en el colegio, o se ha escaqueado en el trabajo?
Entonces me pregunto: ¿Vamos a hacer alguna trampa en estos días de confinamiento? ¿Haremos un túnel para escapar sin ser vistos, como en “La gran escapada? ¿Fingiremos que un peluche es un perro vivo, para poder hacer ver que lo paseamos? ¿Iremos a comprar dos o tres veces al día para pisar la calle?
El ser humano es por naturaleza egoísta y egocéntrico (salvo Teresa de Calcula y tú, claro) por ello, busca la forma de prevalecer sobre los demás. Aunque nos disfracemos de “pagafantas” y queramos mostrar al prójimo que lo principal es el bienestar de la sociedad, el único bien que nos importa es el propio.
Ahora está de moda criticar a los egoístas que se saltan las normas establecidas por el estado, a los que hacen acopio de papel higiénico y alimentos básicos como si no hubiera un mañana. Y ojo, yo soy también el primero en criticarlos. Pero, ¿somos conscientes que son personas presas del miedo y del pánico?
En realidad, solo están en un estado de temor (o lucidez, según se mire) más avanzado que el nuestro. ¿Cuánto tardaremos los demás en alcanzar ese estado de pánico del “sálvese quien pueda”? Solo es cuestión de tiempo, y precisamente eso es ahora lo que nos sobra.
Todos estamos embrutecidos y por tanto nuestro colectivo también lo está. Es curioso que entre sociedad y suciedad solo exista una letra de diferencia. ¿Premonición, mensaje oculto de nuestros ancestros?
Bueno, basta de malas vibraciones. Disfrutad, amigo míos, de vuestro encierro carcelario. Yo empiezo ya a cavar el túnel de marras.
Por cierto, según cuentan las malas lenguas (prensa nacional) dentro de poco, nuestro amado Felipe uve palito se dirigirá a la nación para darnos los consejos (como buen padre) que harán que salgamos todos de este catastrófico y apocalíptico escenario.
No me queda, de momento, más que añadir. Tan solo gritar desde mi balcón:
—VIVA EL REY… Pero el de verdad ELVIS AARON PRESLEY