Consigo que me atiendan en el médico. Comento lo de mi hijo, al que no me dejan llevar porque han prohibido que los niños salgan a la calle. Me dicen que no me preocupe, que a lo largo del día me llamará un pediatra y pondrán en mi mano todos los medios de la sanidad pública. La llamada nunca llega, por lo que me veo obligado a volver al cuarto día. Parece que se han equivocado con el número. Consigo una receta, un diagnóstico y que le hagan un seguimiento real al niño. Por el bien de mi familia, me aconsejan que no me exponga. Mi trabajo es demasiado peligroso en estos momentos.
¡Viva la jodida realidad!
Hablo con mi jefe y observo ciertas lagunas gubernamentales. Quieren que curremos, que nos confinemos y que no nos expongamos. Bien.
No comprendo la controversia.
Dicen que hay autobuses y trenes, pero no los veo. Todo va tarde, lleno de personas nerviosas. El caos nos domina. ¿De qué sirve tanto control?
Reflexión del jodido Dr. Irreverente
¿Qué cojones es toda esta mierda? ¿Encerrarnos? ¿Y por qué la gente que va a currar puede salir? Somos escoria humana, una raza que debería desaparecer de la faz de la Tierra.
Nos faltamos al respeto.
Denunciamos al vecino por salir a la calle.
Salimos a los balcones y aplaudimos a los mismo sanitarios a los que insultamos durante todo el año.
Estoy de acuerdo en frenar este virus —cada día más letal—. Es como si nos odiase. Saca lo peor de nosotros a cada segundo. Y mientras tanto, los que permanecemos en casa, pensamos en nuestros venideros días de libertad.
Por el momento, me guio por mi instinto y paso de volver a currar. No soy dos personas. Si no salgo para no propagarlo, tampoco salgo para mantener la economía a flote. No olvidemos que a muchos amigos les han obligado a cerrar sus negocios y asumir las perdidas. No formo parte de sus filas. Nunca lo he hecho. Mi libertad no tiene precio.
¡Viva la jodida realidad!
Hablo con mi jefe y observo ciertas lagunas gubernamentales. Quieren que curremos, que nos confinemos y que no nos expongamos. Bien.
No comprendo la controversia.
Dicen que hay autobuses y trenes, pero no los veo. Todo va tarde, lleno de personas nerviosas. El caos nos domina. ¿De qué sirve tanto control?
Reflexión del jodido Dr. Irreverente
¿Qué cojones es toda esta mierda? ¿Encerrarnos? ¿Y por qué la gente que va a currar puede salir? Somos escoria humana, una raza que debería desaparecer de la faz de la Tierra.
Nos faltamos al respeto.
Denunciamos al vecino por salir a la calle.
Salimos a los balcones y aplaudimos a los mismo sanitarios a los que insultamos durante todo el año.
Estoy de acuerdo en frenar este virus —cada día más letal—. Es como si nos odiase. Saca lo peor de nosotros a cada segundo. Y mientras tanto, los que permanecemos en casa, pensamos en nuestros venideros días de libertad.
Por el momento, me guio por mi instinto y paso de volver a currar. No soy dos personas. Si no salgo para no propagarlo, tampoco salgo para mantener la economía a flote. No olvidemos que a muchos amigos les han obligado a cerrar sus negocios y asumir las perdidas. No formo parte de sus filas. Nunca lo he hecho. Mi libertad no tiene precio.