sábado, 21 de marzo de 2020

¡Seven days, joputas!




Según avanza el aislamiento y la cuarentena más inquieto me siento. Reconozco que siempre he sido casero, pero no de este modo. Cada día es una especie de tortura de la que solo me saca leer el resto de crónicas de este libro (estoy sensible últimamente, y eso me recuerda que no quiero que mis amigos sufran, amigos como Juan Cabezuelo, Oscar Ryan y el resto de Salvajes). Evidentemente, estar confinado con mi familia es el verdadero consuelo, por supuesto. Mi mujer y mi hijo son lo mejor del mundo, mi combustible, mi razón de ser. Hablar con mi hermano y leer sus crónicas e impresiones me ayuda a no pensar en explosivo plástico y vísceras pulverizadas.
    Sí, amigos, me apetece volar por los aires el edificio de enfrente, ¿por qué? Porque no comulgo con ciertas cosas relacionadas con el rebaño humano. Es así y no puedo evitarlo. No soy de salir a aplaudir por la ventana con cara de gilipollas.
    Sonrisa.
    Recojo un pis de mi perrita, cachorra de dos meses.
    Me hago un café con leche fría.
    Mi verdadero pensamiento es bastante agorero. Después de contrastar varios artículos científicos, creo que es inevitable que nos contagiemos casi todos (si no lo hemos hecho ya). Seguramente al final mueran millones de personas, como ya lo hicieran con otras pandemias. Es la selección genética obligada. Es más, creo que en mi casa ya hemos pasado el Covid 19, estoy casi seguro.
    Sorbo al café.
    Le doy el biberón al niño (casi cuatro meses de edad).
    Lo que más me preocupa es el comportamiento de esta sociedad, el grupo. Apenas se ha preocupado nadie por nada en estos últimos años, han sido impasibles ante el atraco político y empresarial. Partidos de derechas e izquierdas, empresas y empresarios, se han repartido España hasta dejarla famélica. Un sistema sanitario destruido, comido por dentro, y del cual me avergüenzo, está ahora al frente de la debacle. No puedo ser positivo.
    Y ahora van a dejar morir a un montón de personas. ¿Acaso tenemos derecho a elegir? ¿Estamos por encima del propio destino? ¡Dejadme en paz! Es mi jodido séptimo día.