Voy
presionando las teclas del cajero automático.
14
horas antes:
Por las calles no se ve ni a dios, la lluvia sigue regando las calles desiertas.
Me acuerdo de Robert Neville y su periplo por una ciudad desierta infectada de ocultos
vampiros. Hoy no veo a nadie, ni ancianos “elefantes" ni señoras histriónicas
con bolsas de basura en la cabeza como protección contra el virus. ¡Mierdas! Me
fumaría un piti.
Hoy es un día raro, las calles totalmente vacías me provocan una
calma tensa, hoy la gente no compra
alimentos, no pasean sus perros… la inquietud crece desde el fondo de mi estómago.
Una patrulla de los mossos se cruza en mi camino, los ignoro, me ignoran. Menos mal, hoy no soportaría la retahíla de la ley. ¡Valientes hijos de
puta!
Tengo que ir a pagar el impuesto de
circulación del “buga". Será un entrar y salir, me digo de forma
motivacional. No soporto los bancos, con
sus mesas pulidas y sus suelos fríos (pero no tanto como sus empleados). Estoy
seguro de que tuvieron que pasar un casting para demostrar lo solícitos que son
con el engranaje de números y cifras en requerimiento y beneficio para los
patrones… para los amos y señores del dinero, a la par que demuestran la manca
de alma en ese bulto suyo cargado de arterias llamado corazón.
¡Me cago en mi puta vida! El enorme
edificio bancario se encuentra abarrotado de gente. Ancianos, hombres y mujeres jóvenes hacen
cola. Como la boca de un gigante, las puertas del banco absorben gente de forma
rápida y eficaz. No sé si me acojona más el festín bancario o la sumisión
aborregada de toda esta gente que hace cola para ser despedazados cual borregos
en un matadero. Doy media vuelta. Con
paso vivo me dirigo hacia mi casa.
El mundo se va a la mierda, las tiendas cierran, las empresas chapan, los ERTES vuelan a diestro y siniestro, los
agricultores desechan sus plantaciones,
la policía tiene su excusa para controlar a la masa. Eso sí, que el
dinero que no deje de circular. Echo la cerradura del portal de casa, doy dos
vueltas al cerrojo. Estoy realmente
acojonado: ¡Hijos de puta!, grito de forma desquiciada… ¡LA BANCA SIEMPRE GANA!