viernes, 3 de abril de 2020

Día 19. Distanciamiento social otra vez.




Día 19, a 2 de abril de 2020.
Distanciamiento social, así lo han llamado. Un combate pasivo por parte de la población contra un enemigo microscópico. Meterse en el búnker y esperar a que pase la tormenta de mierda. Me hace mucha gracia el término distanciamiento social, ya que he tenido ese tipo de distanciamiento durante casi toda mi vida. Cuando era niño me costaba horrores hacer amigos, los chavales de mi edad me parecían demasiado básicos y no compartía intereses comunes con ellos. Llegué a la adolescencia siendo un puto marginado y solo el hecho de tener que ir al instituto cada mañana parecía una condena. Todo esto cambió cuando empecé a beber y fumar, ahí es cuando realmente comencé a tener vida social; ya tenía un interés en común con la gente, la farra. Después de ser catalogado como un enfermo mental y varios años de juerga, me cansé incluso de salir por ahí a compartir la afición del vicio con mi iguales. Me quedan un puñado de buenos amigos, mi mujer y mi hermano junto a su núcleo familiar, casualmente casado con una amiga. Distanciamiento social (risa señorial) no es ninguna tortura ni todo lo contrario. Pese a que odie o me importen una mierda mis semejantes, echo de menos pasar buenos ratos con esas pocas personas que tengo.
   Veo que muchas personas se aburren en sus casas, que las paredes se han convertido en los barrotes de una celda; me faltan horas en el día, esa es mi realidad. Esto no es mirar el lado bueno de las cosas como si me hubiera hecho un puto batido de patéticos libros de autoayuda, simplemente es lo que hay; unos días idílicos junto a mi mujer, con la que llevaba meses sin pasar un par de días seguidos. Ayer me daban ganas de poder volar la cabeza de cada persona que sale a aplaudir desde su balcón, hoy no. Hoy simplemente tengo ganas de que se evaporen, desaparezcan sin más, dejando un lugar más agradable en el que vivir. En las ventanas de algunas casas han colgado dibujos infantiles, no me he parado a ver ninguno con detenimiento, bastante agradecido estoy con llevar más de dos semanas sin ver a ningún jodido niño. Estas últimas generaciones a las que se han empeñado en criar en un mundo seguro. La mayor mentira de la historia, un mundo seguro.

   Fin del comunicado. Jajajaja, sí señor, lo he vuelto a hacer, hijos de puta.