domingo, 5 de abril de 2020

Día 21. Chiles habaneros y retraso mental.


Día 21, a 4 de abril de 2020


Desde que empezó todo esto de estar en cuarentena, el único rato que paso con la televisión es viendo Crónicas carnívoras; eso al final me ha llevado hoy a experimentar y hacer una salsa picante con unos chiles habaneros que compré el otro día. Realmente me gusta cocinar, poniendo un poco de bluegrass y abriendo un par de birras. Muchas personas me han preguntado por qué no he decidido dedicarme a la cocina, y la respuesta es clara, odio a la gente y no me apetece que prueben mi comida. Una cebolleta, un chile habanero, tres tomates, una guindilla de cayena, sal y un toque albahaca; va perfecta para el cerdo, así que ya sabéis qué hacer cuando os pare la policía municipal.
   Según ha llegado a mis oídos esta noche, mi jefe ha ido diciendo por ahí que me he quedado en casa porque soy muy aprensivo y tengo miedo. Esa sucia abominación de la naturaleza debería tener más miedo por las arterias del interior de su grasiento cuerpo. En fin, tampoco le quiero dedicar más tiempo de mis pensamientos a los tarados de este mundo, no más del que ya le dedico.

Leo opiniones de la gente, algo realmente estúpido por mi parte y que debería dejar de hacer. Ver que el voto de personas con un nivel cultural totalmente nulo es igual que el de personas inteligentes y capacitadas es encontrar el punto más débil de nuestra sociedad democrática. Ya en la antigua Grecia, la democracia se fundamentaba en el voto entre iguales; vale, un sociedad elitista en la que no todos (ni de puta coña, además) tenían acceso a la enseñanza cómo para ser considerados entre esos iguales. Hoy en día el acceso a la información ha pasado de ser un privilegio a un derecho, sin embargo la incultura es una plaga. Me pregunto qué pasaría si para obtener el derecho al voto hubiese que pasar un examen en el que demostrar un mínimo conocimientos. Nos hablan mucho del origen de las cosas, pero muy poco de sus fundamentos.

La falta de espíritu de lucha, la ignorancia, la autocomplacencia y esa avaricia que siempre acompaña al ser humano, acabarán siendo la losa que aplaste del todo a la humanidad. Las plagas desaparecen, así que el ser humano no va a ser menos.