Son
las 2 de la tarde, la mañana me ha pasado a toda leche, ni me he enterado.
Mientras bebo mi eterno café me dispongo a explicaros la apasionante (ironía al
200%) mañana que he pasado.
Eran
las nueve de la mañana cuando me he levantado de la cama, a sabiendas que me
tocaba ir al supermercado y no me apetecía levantarme, ¡no perdón! No me
apetecía ir a comprar. Me he tomado una taza de café a toda hostia, me he pertrechado con los guantes, mascarilla y una ración extra de paciencia. He
comprado rápido y bien, nada digno de mención excepto los zombis habituales.
Una vez en casa me he liado un batería de
cigarrillos, he hecho la cama y cuatro
pijadas más. Aunque tengo un libro por empezar, La hija del clérigo de
George Orwell (ayer hablando con los Salvajes
me entraron ganas) hoy me apetece leer algún cómic, viendo que no
disponía de ningún tebeo nuevo se me ha ocurrido llamar a Sergi, en menos de un
minuto nos hemos puesto de acuerdo. Aprovechando que la perra tenía que pasear he
quedado con mi “drugo".
Cuando nos queremos ver quedamos debajo de
un puente (literalmente) cerca de su casa en un paseo al lado del rio. Como
traficantes de cultura nos intercambiamos mandanga, él me ha retornado unos Thor y me ha dejado
la continuación de Watchmen, aunque no es de Alan Moore me apetece mogollón leerlo. Mientras nos
fumábamos unos pitillos de rigor no podía dejar de pensar en la novela de Ray
Bradbury, FAHRENHEIT 451, donde narra las peripecias de un grupo de
gente en un distópico futuro, donde la cultura está prohibida por ley, un mundo
donde el libre pensamiento está perseguido, donde todo lo relacionado con la
cultura es motivo de escarnio. Los protagonistas negocian con el arte, cine y
literatura de manera clandestina, una
jodida pesadilla. Allí debajo del puente,
intercambiando cómics, me ha evocado a las páginas de este libro.
Cada día tengo más claro que esta pandemia
es la excusa que quería y/o buscaba el sistema, para controlarnos más
impunemente. No me molesta el confinamientos, me repatea los cojones que
intenten controlar mi vida… nuestras vidas.
He
acabado mi café, estoy cansado, tantos días inactivo me pasan factura, salgo de
casa y ya me fatigo. Voy a ver si puedo pegarme una siesta.
