jueves, 23 de abril de 2020

DÍA 38: FAHRENHEIT 451




Son las 2 de la tarde, la mañana me ha pasado a toda leche, ni me he enterado. Mientras bebo mi eterno café me dispongo a explicaros la apasionante (ironía al 200%) mañana que he pasado.
Eran las nueve de la mañana cuando me he levantado de la cama, a sabiendas que me tocaba ir al supermercado y no me apetecía levantarme, ¡no perdón! No me apetecía ir a comprar. Me he tomado una taza de café a toda hostia,  me he pertrechado con los guantes,  mascarilla y una ración extra de paciencia. He comprado rápido y bien, nada digno de mención excepto los zombis habituales.
    Una vez en casa me he liado un batería de cigarrillos,  he hecho la cama y cuatro pijadas más. Aunque tengo un libro por empezar, La hija del clérigo de George Orwell (ayer hablando con los Salvajes  me entraron ganas) hoy me apetece leer algún cómic, viendo que no disponía de ningún tebeo nuevo se me ha ocurrido llamar a Sergi, en menos de un minuto nos hemos puesto de acuerdo. Aprovechando que la perra tenía que pasear he quedado con mi “drugo".
    Cuando nos queremos ver quedamos debajo de un puente (literalmente) cerca de su casa en un paseo al lado del rio. Como traficantes de cultura nos intercambiamos mandanga,  él me ha retornado unos Thor y me ha dejado la continuación de Watchmen, aunque no es de Alan  Moore me apetece mogollón leerlo. Mientras nos fumábamos unos pitillos de rigor no podía dejar de pensar en la novela de Ray Bradbury, FAHRENHEIT 451, donde narra las peripecias de un grupo de gente en un distópico futuro, donde la cultura está prohibida por ley, un mundo donde el libre pensamiento está perseguido, donde todo lo relacionado con la cultura es motivo de escarnio. Los protagonistas negocian con el arte, cine y literatura de manera clandestina,  una jodida pesadilla. Allí debajo del puente,  intercambiando cómics, me ha evocado a las páginas de este libro.
    Cada día tengo más claro que esta pandemia es la excusa que quería y/o buscaba el sistema, para controlarnos más impunemente. No me molesta el confinamientos, me repatea los cojones que intenten controlar mi vida… nuestras vidas.
He acabado mi café, estoy cansado, tantos días inactivo me pasan factura, salgo de casa y ya me fatigo. Voy a ver si puedo pegarme una siesta.