domingo, 26 de abril de 2020

DÍA 41: LA GRAN FRACTURA (parte 2)




De pronto, mientras observo el fuego, que no calienta ni reconforta, un sonido agudo de sirenas me arranca de mis ensoñaciones. Salgo de mi chabola envarado, el día nublado no ayuda en amortiguar las luces de los coches. Las sirenas de los 4x4 despiertan la histeria entre la población de Neo-suburbia, llantos de niños y los gritos de alarma de sus congéneres ayudan en el caos reinante. «¡Mierda, es una redada!», me grito a mí mismo. Sin tiempo para pensar en nada comienzo a correr hacia el bosque,  por suerte mi chabola se encuentra a menos de 50 metros, una vez alcanzada la espesura del bosque me tiró de cabeza al suelo. Observo los acontecimientos con mirada bobina.
Cuatro furgonetas sanitarias se abren paso hasta el centro del asentamiento,  la gente que no ha podido huir se encuentran en una fila controlada por la policía multipase, las porras eléctricas  chasquean al compás de los gritos. «¡En fila de a uno, hijos de puta!», gritan desde los altavoces. La irregular fila de no-pases se encaran hacía las furgonetas sanitarias.
    En la Neo-suburbia norte nunca habían estado, se rumoreaba que a los habitantes  de las Neo-suburbias de las capitales eran obligados a implantarse el Neo-código, estos rumores fueron ignorados por todos los que vivimos en los cuadrantes periféricos. «Son solo rumores infundados», decían los cabecillas del poblado. Pues bien, ni son rumores ni son infundados,  aquí están marcando al rebaño inconformista.
    Los lloros y gritos van decreciendo, el peso de lo inevitable sofoca toda expresión de inconformismo y rebeldía,  los pocos lloros que oigo son los del perdedor,  lloros de miedo. Mis ojos hace años que dejaron de llorar,  las pérdidas obtenidas desde LA GRAN FRACTURA  me han convertido en un Golem de piedra, lo único que atenaza mi corazón es el odio más premeditado,  forjado por innumerables afrentas cometidas contra mí y todo lo que apreciaba, los recuerdos del amor perdido son sofocados por el ocre aliento del odio. Odio hacía la gente, odio hacía los lideres, odio hacía el sistema, odio hacía el conformismo que nos precipitó hacía este estercolero… ¡odio!
    Entierro mi cara en la hojarasca seca,  un ligero sollozo se escapa de mi alma. Sorprendido, froto mi mano contra los ojos, con la mirada estupefacta veo mis manos húmedas a causa de mis lágrimas.

Continúa el día 42