sábado, 25 de abril de 2020

Día 41.

Dejaría esta hoja en blanco, o la utilizaría para escribir la lista de la compra, mis propósitos para año nuevo o la relación de cosas que quise hacer en mi vida y me moriré sin hacer. Los días sin pena ni gloria es lo que tienen, que no dan ni para escribir un par de impresiones en un trozo de papel.
   La ansiedad ha vuelto a ser la protagonista de todo, estoy más que superado, pero hoy mi mente no soporta estar encerrada dentro de mi cerebro, el corazón me late tan fuerte en el pecho que me provoca un dolor bastante desagradable y una especie de cosquilleo me recorre todo el cuerpo haciendo que me resulte imposible quedarme quieto en el mismo sitio durante mucho tiempo.
   Mi hija pone unos dibujos de Mickey Mouse, siempre he odiado a ese puto ratón, incluso cuando era niño. Me levanto del sofá y recojo los restos del desayuno, antes de que me de cuenta ya tendré que estar preparando la comida, que seguirá la merienda con la cena pisándole los talones y este día se sumará a la lista de días que jamás habrían tenido que ser vividos.

 Según me entero —no sé muy bien donde— van a empezar a dejar salir a los niños a la calle, durante una hora y sin poder llevarlos a los parques ni ninguna otra área de juego, tan solo darles una vuelta. Como padre me indigna bastante, y no solo el hecho de que el sistema decida cómo y cuándo puedo sacar a mis hijos a la calle, sino que el resto de padres hayan aceptado esta norma con los brazos abiertos, sin importarles en ningún momento el que nos obliguen a tratar a nuestros hijos como si de perros se tratasen, y nos den permiso para poder «sacarlos a mear» y luego encerrarlos en casa de nuevo. El tema del virus ha pasado de medidas de seguridad a tomadura de pelo a una velocidad y ritmo tal que a penas nos estamos dando cuenta, pero tampoco es algo de extrañar, durante toda la vida nos han estado preparando para dejarnos tomar el pelo, tan solo estamos poniendo en práctica las enseñanzas aprendidas.
   Por hoy no pienso escribir más, la mierda en cucharadas pequeñas es menos desagradable de engullir. Mientras tanto intentaré encontrar en Amazon un bozal y una correa bonita para poder sacar a mi hija pequeña a mear cuando llegue el día.