domingo, 26 de abril de 2020

Día 42. Narcisismo social.


Día 42, a 25 de abril de 2020

Pese a poder dormir cuanto quisiera, no he sido capaz de hacerlo durante más de seis horas; cuando lo puedo hacer me puedo tirar en la cama entre nueve y diez horas, está claro que algo no va como debería ir. Me he levantado, he fregado los cacharros y he tenido una desagradable conversación con mi viejo a base de mensajes; se ha tomado bastante mal que le diga que es un tipo irresponsable, como una especie de ataque directo a su persona. En consecuencia ha respondido ferozmente, así que tendré que ponerme en modo zen o lo acabaré matando.
    Hay personas en este mundo que tienen una especie de narcisismo social, con la creencia de que la gente debe acatar las normas para que el sistema y la sociedad funcione; pero para ellos mismos, ellos son la excepción, desde la óptica de que una sola persona que se salte las normas no afecta al sistema, pero que deben ser ellos esa única persona. Hombres por encima de la ley, por encima de toda moral y del comportamiento cívico. No me importan las personas que se creen por encima de la ley, ya que muchas de esas leyes son injustas y la única manera de enfrentarse a ellas es infringirlas. Sin embargo me enfurece que ataquen  de forma despiadada al resto de personas que infringen las normas. Tenemos varios casos, uno de ellos son esos empresarios que pagan una miseria a sus empleados pero a su vez opinan que para estimular la economía el resto deben pagarles más para que así puedan tener más poder adquisitivo y comprar sus productos; en el momento actual están los que opinan que todo el mundo debe cumplir religiosamente con la cuarentena, excepto ellos, porque ellos a diferencia de los demás sí que tienen buenos motivos para saltársela; personas que se quejan de la economía sumergida y que se dedican a joderle el trabajo a los autónomos haciendo trabajos en negro y con precios desleales.
    Damas y caballeros, si tienen hijos y quieren educarles con alguna ética, háganlo dando ejemplo. Conducir borracho y a 200 kilómetros por hora, robar material del trabajo, practicar la caza furtiva y usar las mentira como método habitual de comunicación no son buenos ejemplos.
    La sumisión no es lo mío, no soy valiente pero tampoco he sido nunca un pusilánime; tengo la lengua afilada y he aprendido mejor a encajar los golpes que a devolverlos. La potencia parece una cualidad más apreciada que la resistencia, pero con las personas que me aprecian me sobra. Soy un tipo cojonudo, con una autoestima cimentado con solidez, leal con quien me es leal, el tipo de la silueta gigantesca en la ventana, y si algo me ha enseñado el zen ha sido a disfrutar del momento y que todo me coma los cojones. Han pasado 58 minutos desde la medianoche, pero la medianoche no hace más que acercarse lentamente de nuevo.