Las
filas de No-pase avanzan rápido. Un ligero pinchazo en la muñeca y ya tienen el
Neo-codigo incorporado en el ADN. Seguidamente son llevados hacia los camiones recogedores, esta gente será enviada hacia los campos de corrección.
Aún en estado de shock por mis lágrimas derramadas, el Odio golpea todo mi ser
con toda la fuerza adquirida por años de escarnio.
Un sonido de arrastre se acerca, en todo el
campamento se instaura el silencio, ni
el pedo de una mosca se escucha. El sonido pesado es cada vez más nítido, el
sonido de cadenas de las grúas oruga rechinan como los dientes de un dios ya
extinto. Sin orden previo y sin detenerse tres mastodontes de enormes cadenas
comienzan a destruir toda edificación que se encuentran a su paso.
El grito de una niña es el detonante para precipitarme
hacia mi destino. El sonido sordo del odio me impulsa hacia el primer grupo de policías
multipase, corro hacía ellos, mi garganta grita un sonido animal, primario, gutural.
No he avanzado ni 10 metros cuando un estallido desorienta todos mis sentidos, tan solo puedo alzar los ojos. Puedo ver mi
propio cuerpo sangrando como una fuente,
mi cabeza… ¡mierda, no tengo cabeza! ¿Dónde está mi puta cabeza? Me
percato de que el estallido era la detonación de una Matasin, esta hija
de puta me ha decapitado…
Oscuridad… no hay odio, desaparece.
Ahora:
Continúo
estirado en el sofá, no pienso en nada,
bueno sí, creo que tendría que darle una mano de pintura a las paredes, cuando la cuarentena finalice iré a comprar
un bote de 10kg de pintura color rojo sangre, o a lo mejor rojo odio,
¿existirá? Mejor me dejo de gilipolleces,
Raquel llegará en un rato de currar y yo aún tengo la cena por hacer.