lunes, 27 de abril de 2020

Día 44. ¿Grupo de expertos?


Los informativos van saturados con referencias al «grupo de expertos» que está gestionando nuestra salida de esta crisis sanitaria. Una agrupación de «científicos» encabezada por Chucky el muñeco vestido con chaquetilla de lana. El mismo que el pasado treinta y uno de enero nos decía que en España no tendríamos más allá de algún caso de coronavirus. Llamadme loco, pero no es muy de «experto» lanzar una afirmación así. Evidentemente, él no es un adivino, pero hubiese sido más prudente no afirmar algo de lo que no se está seguro, al menos de una forma tan categórica, y más, si lo hace en calidad de referente para muchas personas. Si a uno le da por repasar la «maldita» hemeroteca, se da cuenta de los despropósitos con los que nos han estado informando. Me da miedo pensar que esta misma gente es la que nos va salvar de la pandemia.
    Desconozco cuáles son los miembros de ese grupo, si son reptilianos, iluminatti, premios nobel, científicos de prestigio, o simplemente asesores trepas, garrapatas de nuestros políticos. No lo sé, y por tanto, no sé si son gente de valía o no. Sin embargo, si sé una cosa, y es que el mundo de los políticos es totalmente diferente, en su manera actual, que el mundo de la empresa privada. Y no hablo de este gobierno, que me puede gustar más o menos, porque eso carece de relevancia. El voto es secreto, y cada cual puede ejercer ese derecho (o no) en función de su ideología, sus creencias, sus afinidades, o lo que le salga de sus santísimos cojones. Nadie puede obligar a nadie a creer en un sistema político determinado (a no ser que estemos hablando de una dictadura). Lo que quiero decir es que el sistema operativo, el modo en que se toman las decisiones, olvidando las promesas electorales, y el total desprecio por el pueblo, es común en todos los partidos, de todos los signos políticos:  rojos, azules, amarillos, verdes. Todos tienen en común un color: el marrón.
    Si yo en una empresa he sido contratado para un proyecto, y todas mis acciones han sido fallidas, ya que he sido incapaz de prever las consecuencias de lo que se avecinaba, sin duda alguna, sería inmediatamente despedido. Y es más, si por mi desastroso planteamiento hubiese llevado a la empresa a la mayor crisis conocida en toda su historia, posiblemente me enfrentaría a una demanda por daños y perjuicios. Sería del todo imposible que a mi equipo y a mí nos mantuvieran al frente, intentando salvar a la compañía de la ruina. Me pregunto entonces: ¿Por qué en el mundo político no se actúa de este modo, y se mantiene al frente a las personas responsables de una mala previsión? ¿No sería mejor cambiar ese equipo por los que eran contrarios a esas directrices sanitarias (que los había) y que estaban más en lo cierto?
    A nivel personal, si yo contrato a unos expertos para que me asesoren, y hacen que quede en ridículo frente a todo el mundo, les pego una patada que salen volando hasta la China. Yo no culpo al presidente de un gobierno por hacer caso a un grupo de expertos, lo culpo por no destituirlos después de comprobar su ineptitud. ¿Cómo se puede seguir confiando en esta gente, siendo evidente que no tienen ni idea de donde tienen el culo? Nada es fácil en esta vida, nada es regalado, hay que luchar para conseguir algo. La complacencia e intentar tapar los errores cometidos nunca es la solución. En mi opinión de «cuñado escritor», lo mejor sería afrontar que tu grupo de expertos se ha equivocado, y cambiarlo por otro que te dé más garantías. Así se procedería en una empresa privada, y así se debería hacer en un país (que es más importante que cualquier empresa), ya que de eso depende la vida de todos sus habitantes.