miércoles, 29 de abril de 2020

Día 45. Sun Tzu y el Pelotriste.

Día 45, a 28 de abril de 2020

Quedan 83 minutos para la medianoche, estoy sentado delante del ordenador junto a una Paulaner y una jarra de limonada que me ha preparado Ioana; tengo el estómago revuelto, me habrá sentado algo mal durante el día. Alguna vez me he tomado un café después de la siesta y me ha destruido para el resto del día, seguramente haya sido eso. Ayer grabé un vídeo para reírme de un subnormal que va difundiendo bulos por las redes y soltando barbaridades ultraderechistas, hay gente tan ridícula que no sabe qué coño hacer para llamar la atención. El vídeo lo ha colgado mi hermano en una red social que no pienso nombrar y al final ha sacado al ser de su cueva, que se ha defendido de forma ridícula con una mezcla entre reconocer su error y hacerse el mártir. Hay quien no sabe disculparse ni con una soga al cuello.
   Es inquietante que los libros más prácticos para lidiar con el día a día sean tratados de estrategia militar, una vez más la vida en sociedad se muestra violenta incluso para evitar conflictos. La gente en estos tiempos, y con eso hablo de los últimos años, trata de emplear débiles y poco sostenibles filosofías de libros de autoayuda que llevan al desastre. Sun Tzu es mucho más útil que cualquier otra lectura, y cuando analizo todas las derrotas que me he ido llevando a lo largo del tiempo puedo ver que no he seguido la sabiduría que se encuentra en sus páginas. He tratado de hacerme con el Arte de la Guerra de Helmuth von Moltke, pero solo he encontrado traducciones al inglés y al francés, además del original en alemán; he podido aprender alguna lección suya leyendo a Heinz Guderian, que como buen alemán le tenía como referente. Para enfrentarse a neofascistas como el nombrado anteriormente, así como con cualquier otro imbécil, viene muy bien estar preparado estratégicamente. Es de vital importancia ser disciplinado con la estrategia y no dejarse llevar por los sentimientos. Mi hermano siempre puso énfasis en sus enseñanzas en prepararme para la guerra psicológica; la guerra sin psicología es una causa perdida. Le lección en la que he estado pensando estos días es precisamente que cuando se tiene una posición ventajosa hay que alentar a tu enemigo a que te ataque en desventaja, e igual de importante la de no atacar a tu enemigo cuando este tiene una posición ventajosa y obligarle a que la abandone.
   Puede que toda esta mierda no tenga ningún sentido para quien la esté leyendo, pero llevo toda la vida utilizando la estrategia en vez de la fuerza y sigo de una sola pieza. Me estoy terminando la cerveza, voy a tomarme la limonada y a cenar algo; luego me meteré en la piltra a soñar con el polideportivo en llamas, con la ciudad en llamas, con toda la gente que vive en ella ardiendo entre llamaradas avivadas por su propia estupidez.