En el diario de hoy voy
a hablar de momentos, lapsos, intervalos y acontecimientos. Por ejemplo, en el
último 39 terminó la Guerra civil española y dio comienzo la Segunda Guerra
Mundial. En ese mismo año, Frans Eemil Sillanpää gana el premio nobel de literatura,
un finés de familia humilde que narra historias sencillas de gente aún más
sencilla. A su vez, nace Francis Ford Coppola y mueren Antonio Machado y W. B.
Yeats. Un ir y venir de gente influyente, de guerras, muerte y desventuras cargadas
de ignorancia. 1939, preludio del comienzo de un final que tuvo como colofón el
lanzamiento de Fat Man y Little Boy, las dos bombas que cambiaron
por completo la forma de pensar del ser humano
Cuarenta años después, un 25 de marzo de
1979, mis ojos vislumbraron el mundo, y diez años más tarde, lo hacía la persona
que cambió por completo mi devenir como ser humano convencional, el 1 de abril
de 1989, no tenía otro día, en el cincuenta aniversario del final de la guerra
civil española, ajeno a la realidad, dispuesto a crecer, comer, llorar y
dejarse querer por su familia (yo). Javier Aragonés, prototipo de posthumano,
asomó la cabeza y me enganché a él en el acto y para siempre, mi hermano, tío,
mi maldito hermano pequeño. Sin duda, mi mejor amigo, confidente, y fiel
compañero de armas. Como bien decimos, somos la colmena de dos. A él le debo
conocer a la persona que amo y, en consecuencia, tener al hijo que tengo
(nacido en 2019, por cierto).
Desde aquel día y hasta hoy han pasado 31
años y 21 días, y desde que estamos confinados 39 días, que a su vez son 936 horas
(recordad, en 1936 dio comienzo la guerra española). Como detalle, en el año
936, el rey Otón I el Grande, recién coronado, consolida a Alemania como centro
del Imperio (no entraré en más detalles históricos para no saturar, pero merece
la pena indagar sobre este hombre y la época en la que se movió).
Así, de un modo extraño y medio educativo,
uniendo fechas, momentos y acontecimientos, hilo este diario de hoy, algo más
extraño que otros días y en el que no va a faltar el rollo de realidad diaria
con su anécdota graciosa incluida, ligada a todo lo anterior, por supuesto.
Realidad diaria del 39:
Gunnar se despierta a las 6 de la mañana y
me lo llevo al salón para dejar que su madre duerma. Le doy de comer y me tiro
una hora para dormirle (entre medias corrijo los textos de los salvajes y los
dejo fetén). Con él en el sofá, dormido, bajo a Marla, mi perra, que se llama
así en honor a la protagonista del El club de la lucha, posiblemente mi
novela predilecta. Subo en menos de cinco minutos y observo que mi hijo sigue
sopa (¡BIEN!). Dejo a todos los seres tranquilos y me pongo a escribir mi
diario, que prometí dedicárselo a mi hermano, conocido como Javinho. Entre
medias, recuerdo cierta anécdota de ayer por la tarde. Joder, no fue un
espejismo, la gente de Protección Civil iba en su furgoneta, con las luces
rotativas encendidas y la música a todo volumen. Recuerdo cómo gritaban por un
megáfono, joder, decían exactamente esto: «¡Tranquilos, vecinos, pronto pasará
todo! ¡Resistid! ¡Resistid!». No puedo evitar hacer una especie de comparativa con
Apocalipsis Now, película estrenada en mi año de nacimiento, dirigida
por Coppola y basada en El Corazón de las tinieblas (publicada en 1899, de
nuevo el nueve), novela corta escrita por Joseph Conrad. Me imagino a los
voluntarios de Protección Civil, con Kilgore a la cabeza, gritando: «No voy a
herirte o hacerte daño. Solo devuélveme mi tabla, vecino. Es una buena tabla… y
me gusta. Tú sabes lo difícil que es encontrar una tabla de surf que te guste».
En fin, en lo que coincide una historia con la otra es que todo esto es… «The
horror, the horror…»