miércoles, 22 de abril de 2020

DÍA 37: DESIDIA




Llevo toda la tarde solo, tras el levantamiento del confinamiento de las industrias no esenciales Raquel se ha ido a currar. Aunque procuro hacer las rutinas impuestas en estos días de encierro, las horas me pasan como si fueran semanas. Intento leer, no me puedo concentrar,  mirar alguna peli, no consigo meterme. Al final he decidido meterme música,  no sé ni cuántos porros llevo ya,  me los fumo como si fueran pitillos.  De manera errática me dirijo a la cocina,  llevo toda la puta tarde haciendo incursiones en ella, me como una manzana, que odioso es el aburrimiento, pero lo más desconcertante es la falta de atención
    Me voy hacia la ducha para intentar desprenderme del manto de hastío que me envuelve como una mortaja,  el agua caliente me ayuda relajarme,  toda la desidia parece desaparecer por el desagüe. 
    Una vez seco, me pongo a observar la calle: el cielo llora con desespero, toda esta lluvia irá de cojones para limpiar el ambiente. Me fumo un Golden y me dispongo a escribir en este diario,  llegado a este punto de la narración y dándole vueltas al “coco" para ver qué puedo contar. No se me ocurre nada, los días son monótonos, las ideas no me brotan, es muy triste tener que escribir sobre la DESIDIA que se ha apoderado de mí. No me puedo quejar,  llevo más de un mes escribiendo en estas crónicas,  tener un día sin ideas no me tendría que preocupar.  Me dispongo a dejar de escribir, los riffs titánicos de Fit For Autopsy me despiertan de las divagaciones volcadas aquí, apago el piti y me lío otro porro, las voces guturales de la metálica música me despiertan las ganas de ver una peli gore, apago el equipo de música, enciendo el Bluray , introduzco el disco…. Play. Una dulce melodía golpea mi afectado cerebro, este film es terrorífico, de lo más bestia jamás filmado, prendo el peta,  me estiro en el sofá en el mismo instante que sale en la pantalla el título de la película: Sonrisas y Lagrimas. Sin duda esta mierda me hundirá del todo,  me dejo arrastrar por el terror encarnado en bailes y melodías empalagosas. Ya queda menos para que mi mujer vuelva del curro.