domingo, 19 de abril de 2020

Treinta y seis y no más, Barrabás




Llevamos encerrados en casa (salvo salir a comprar, bajar a la perra y tirar la basura) desde el domingo quince de Marzo, y a día de hoy me da igual casi todo lo que sale en los telediarios, periódicos y redes sociales. Recuerdo cuál fue mi primera reacción con respecto al virus, allá por el mes de diciembre, estando yo en la cafetería del trabajo (Penal III de Madrid, en Valdemoro). Dije algo así como: no creo que la Tierra tenga la suerte de erradicar a su mayor plaga, y le resté importancia (no soy adivino ni experto en virus, ni médico o algo parecido). Incluso en diciembre la gente tenía miedo ante una posible plaga que asolara el mundo, absorbidos por la prensar amarillista, claro está. Y ahora estamos aquí, muchos con el cerebro licuado, otros intentando reactivar ciertas
partes de nuestras mentes para no morir de asco y en mi caso, curiosamente, sin ganas de retomar mi vida laboral y volver a convertirme en una persona que simula ser normal y se evade de la realidad alejándose de su familia. No, gracias, eso no va conmigo. Por favor, camarero, póngame una de término medio con sabor a puedo vivir sin un palo metido en el culo.
    En cierto modo, toda esta situación me ha terminado de abrir los ojos. Ahora puedo ver Matrix en su totalidad, o eso creo, y me hace pensar. Quizás he tirado a la basura cuatro décadas de mi vida para no tener nada físico, nada palpable, nada que me abra las puertas del futuro contemplativo que deseo tener. Escribir, editar a mis autores, mantener vivo mi cerebro alimentándolo con lecturas y paseos en familia al atardecer. Una casa apartada de la gran urbe, con un pequeño jardín, una huerta y caminos campestres a menos de dos minutos. Puede que ya no tenga acceso a mis sueños, es posible, pero tampoco soy una pieza de los sueños de otro, y no pienso renunciar a nada. Lucharé hasta el final, hasta que no me quede vida.
    En fin, vaya chapa os acabo de pegar.
    Ni por asomo es esta la entrada de diario que pretendía hacer. Quería hablar de Barrabás y hacer un símil, una (re)parábola usando su figura. Jesús fue como el jodido mesías blandengue y Barrabás su némesis que se libra de la crucifixión. Pero bueno, ya no lo voy a hacer, las cosas han tirado por otro lado. Toca joderse.
    
Retazo de realidad:
    Llevo en el salón desde las cinco y media de la mañana, no he dormido una mierda y me apetece leer (a Carver), cosa que no va a ocurrir porque mi hijo es el mal. Le quiero con locura, no penséis otra cosa, pero no me deja en paz ni un puto minuto (ni a su madre). Es más, me levanto a estas horas para traérmelo al sofá y dejar a Lidia dormir tranquila unas horas más. A fin de cuentas, sufro desde hace años trastornos del sueño (creo que ya os lo he dicho, pero bueno) y este cabroncete no va a poder con su padre. Lo bueno es que sonríe cada vez que le pongo Revolution is my name, de Pantera.