jueves, 26 de marzo de 2020

Día 10: Nada



No sé qué hora es,  estoy estirado en el sofá fumando porros sin parar, uno detrás de otro. Me gusta controlar la cantidad de “trujis" que me fumo al día, pero  hoy no me importa, cuatro, cinco… ¡qué más da! No me importa NADA. Tan solo me importa anestesiar la mente y  sumergirme en las oscuras aguas de la indiferencia. No me importan las noticias: infectados, muertes… NADA.
    Ni tan siquiera quiero distraer mi embutida mente con diversiones mundanas. Ni comer, ni beber… ¡Ni follar…! NADA.
    Mi mente se encuentra más allá de la lucidez psicotrópica que proporciona el cannabis, me encuentro en la frontera, en el punto de no retorno. El bien y el mal tan solo son palabras carentes de sentido. Muerte y vida,  felicidad y tristeza, no significan NADA.

 
    Hoy quiero desaparecer, dejar de existir como si nunca hubiese pasado por este mundo,  quiero ser la NADA…
    “¡Tío, espabila,  baja de la puta parra!", con estas palabras, Raquel sacude mi idiotez existencialista de cuajo. “¿Qué te parece si nos vemos La historia interminable?“. Me incorporo del sofá, ella me insiste: “¿Te hace o no? Me apetece ver como Bastian  combate a la NADA”. Sonrió de forma abierta, ella me mira y no sabe por qué,  sonríe.  Mientras me lío el primer peta        (ahora, si) del día le digo: “Sea pues…  ¿un porro?”. Con su preciosa sonrisa contesta:  “Pues claro, NADA me apetecería más”.
    No cambiaría por NADA del mundo la compañía de mi mujer, NADA, ni tan siquiera la anhelada NADA que perseguía en mis confinadas ensoñaciones. En un rato tengo que contactar con mis Salvajes,  hoy es el cumpleaños del “jefe". Tampoco cambiaría NADA mi amistad con estos hijos de puta. Dejo de pajearme mentalmente, prestando atención a Bastian y su lucha contra la NADA.