No
sé qué hora es, estoy estirado en el
sofá fumando porros sin parar, uno detrás de otro. Me gusta controlar la
cantidad de “trujis" que me fumo al día, pero hoy no me importa, cuatro, cinco… ¡qué más
da! No me importa NADA. Tan solo me importa anestesiar la mente y sumergirme en las oscuras aguas de la indiferencia.
No me importan las noticias: infectados, muertes… NADA.
Ni tan siquiera quiero distraer mi embutida
mente con diversiones mundanas. Ni comer, ni beber… ¡Ni follar…! NADA.
Mi mente se encuentra más allá de la
lucidez psicotrópica que proporciona el cannabis, me encuentro en la frontera, en
el punto de no retorno. El bien y el mal tan solo son palabras carentes de
sentido. Muerte y vida, felicidad y
tristeza, no significan NADA.
Hoy quiero desaparecer, dejar de existir como si nunca hubiese pasado por este mundo, quiero ser la NADA…
“¡Tío, espabila, baja de la puta parra!", con estas
palabras, Raquel sacude mi idiotez existencialista de cuajo. “¿Qué te parece si
nos vemos La historia interminable?“. Me incorporo del sofá, ella me
insiste: “¿Te hace o no? Me apetece ver como Bastian combate a la NADA”. Sonrió de forma abierta,
ella me mira y no sabe por qué, sonríe. Mientras me lío el primer peta (ahora, si) del día le digo: “Sea pues… ¿un porro?”. Con su preciosa sonrisa contesta:
“Pues claro, NADA me apetecería más”.
No cambiaría por NADA del mundo la compañía
de mi mujer, NADA, ni tan siquiera la anhelada NADA que perseguía en mis
confinadas ensoñaciones. En un rato tengo que contactar con mis Salvajes, hoy es el cumpleaños del “jefe". Tampoco
cambiaría NADA mi amistad con estos hijos de puta. Dejo de pajearme mentalmente,
prestando atención a Bastian y su lucha contra la NADA.