El 20 de noviembre de 1945, tras finalizar la segunda guerra mundial, comenzaron los juicios de Núremberg. Uno de los principales cargos, era el de Crimen de lesa humanidad. Se refiere a los delitos de carácter inhumano y atroz que son cometidos contra una población por parte de un estado u organización. Y yo aquí no discriminaría entre los que practican la acción o la omisión. A mi modo de ver, tras estos días de confinamiento, la acción la ha practicado el gobierno, y la omisión la prensa. Hace tan solo unas semanas esto era una simple gripe de la que no había nada que temer.
—Puede que muera alguien, pero seguro que será alguna persona mayor y con patologías previas —decía el tertuliano A.
—La gente debe hacer vida normal, no hay ningún dato para alarmarse —añadía el tertuliano B mientras el jocoso presentador soltaba una sonrisa y daba paso a publicidad.
Claro, la gente mayor nos importa una mierda, ¿verdad? Y los que tienen patologías son una carga para la sociedad. Moriros ya hipertensos, diabéticos, los que tenéis problemas respiratorios, en definitiva, todos los que no seáis superhombres (aquí para rizar el rizo, solo faltaría añadir ários). Si lo analizamos fríamente es bueno para el estado que mueran los viejos. Así nos evitamos el pago de pensiones. Y los enfermos… que mueran también, demasiado gasto para el sistema sanitario.
No sé si este virus se ha creado en un laboratorio, pero desde luego los resultados favorecen al sistema, con menos gente a la que atender y a la que prestar atenciones. Sí que parecen sacados del más macabro laboratorio político.
Y nuestros políticos tranquilizando a la gente. Preocupados porque cundiera la alarma social. Que manía con lo políticamente correcto. ¿Por qué dicen desaceleración cuando está pasando una crisis? ¿Por qué dicen riesgo moderado, cuando todos los científicos están hablando de una pandemia? ¿No quieren ofender? A mí no me ofenden las palabras crudas, por muy duras y feas que sean. A mí lo que me ofende es que me mientan.
Sé de periodistas y de científicos a los que se les ha intentado callar la boca para no asustar a la población. «No les digas que viene el lobo». dice el político. «¿Y cuando el lobo este aquí?», pregunta el periodista. «Cuando el lobo este aquí harán lo que yo les diga».
Los políticos que han mentido sobre el problema van a gestionar nuestra salida del problema. Y los medios de comunicación que han sido sus voceros, ahora nos van a contar la verdad.
Disculpad que no me lo crea. Como tampoco creo que se vaya a celebrar ningún juicio para pedir responsabilidades.
¡Ah! Los años 40 del siglo XX… La gente era de otra pasta.