viernes, 27 de marzo de 2020

Día 13: por fin estamos a la cabeza del mundo




Me he dado cuenta que un amplio sector de la sociedad se ha centrado en el positivismo absurdo (hablo de las redes sociales, ¡eh! Que estoy confinado en casa, hijos de puta). No quieren saber nada de cierta realidad, quieren obviar ciertas opiniones. Solo desean cosas buenas y bonitas. Memes, post relacionados con el humor y mierdas similares. A ver, que me parece cojonudo, pero, joder, que estamos cayendo como moscas por culpa de un virus. Por fin estamos a la cabeza del mundo, como uno de los países menos preparados y de los que más estamos sufriendo.
    Bueno, voy a dejar el realismo a un lado y os hablaré de mi maravilloso día a día (vaya, si también es realismo, ¿dónde cojones está Dorothy Gale?). Por un lado ayer fui a vacunar a mi hijo de cuatro meses. Entré en el ambulatorio, que parecía un recinto de guerra, con pilas de sillas haciendo de barricadas, un montón de personal sanitario cubierto hasta las cejas  y diciéndome sin parar: «No toques nada con las manos, usa codos o muñecas, no pases a la consulta de forma normal, tienes que dar la vuelta completa al recinto y pasar dos controles internos, ten cuidado, no te toques la cara con las manos, respira con cuidado, no le quites el plástico al niño». Diez o doce personas limpiando continuamente me recuerdan que la cosa es seria. Una vez en consulta, desnudo al niño, le miden, le pesan, me dicen que ya puede empezar a comer cereales y le ponen tres vacunas. El pobre llora como una magdalena. La enfermera se despide de mí con alegría y me largo.
    Destaco una cosa que me han contado entre ella y el pediatra: Enfermeras, pediatras y médicos de cabecera están en la retaguardia de esta guerra, y el ejército, los mandos, les han dicho que se presenten voluntarios para ir al IFEMA o los elegirán a dedo. Allí han colocado un montón de camas de emergencia y necesitan que todo el personal cualificado esté listo para entrar en acción (esto es un poco de peli bélica, ¿dónde está la cámara oculta?).
    De vuelta a casa, frente al portal, he visto a dos tipos arreglando una acera. Es muy necesario el trabajo que realizaban (ironía), no importa que infecten a sus familias y estas infecten a las cajeras de un supermercado, y estas a sus parejas y estos a su compañeros de curro y así hasta que el propio Mago de Oz caiga por coronavirus (mejor, así morimos todos y acabamos de una vez con los putos viejos de este país, que no hacen más que chupar del bote, joder). Por qué no salimos a aplaudir a toda esa panda de subnormales que están acudiendo a sus trabajos de mierda de forma voluntaria.
    Llego a casa. Me lavo las manos. Me las desinfecto con alcohol. Echo la ropa a lavar. Y beso apasionadamente a mi mujer. Ya solo me queda no salir.