Hoy me ha llamado Jaume, el bajista de mi banda. Ha ido con Miriam, su pareja, a urgencias. Hace ya unos días que estaban mal, sobre todo ella, y las indicaciones que recibían por teléfono eran siempre las mismas, confinamiento y analgésicos. Tras una larga espera, le han realizado unas placas, donde han visto que tenía una neumonía provocada por el bicho en cuestión. Así que ella se ha quedado ingresada en el hospital clínico, y a él le han pedido que regrese a casa y mantenga encierro total, no puede salir absolutamente para nada, ya que presuponen que está infectado. Pero, como no se cae por los suelos, y puede respirar (de momento), no lo ingresan. Una hora más tarde, me llama Julio, el guitarrista de mi banda. Él y su pareja también están con fiebre y síntomas.
Me despido con un “cuidaros mucho” y me quedo sentado en silencio, preguntándome si debo llamar al resto de la banda. Pero, no lo hago… ¿no quiero hablar con ellos? Claro que sí, pero prefiero pensar que están bien. Esto ya está empezando a sobrepasarme. No me preocupo por mí, pese a haber compartido días de ensayo en el local antes de la cuarentena. Yo no puedo estar infectado, dicen que “mala hierba nunca muere”, ni siquiera el virus debe querer nada conmigo. Lo cierto es que no recuerdo haber estado enfermo nunca. ¿Seré un superhéroe? Pues va a ser que no, simplemente soy un autónomo. Pero ya puestos, de superhéroes quiero reflexionar hoy.
Me acaba de volver a llamar Jaume y podría modificar el texto que he escrito hasta ahora. Pero prefiero no hacerlo. Es mejor que esta crónica sirva como ejemplo de cómo todo está cambiando tan rápido que nada de lo que digamos tiene valor mas allá de dos minutos. Incluso es posible que yo muera antes de terminar de escribirla, o que tú mueras antes de acabar de leerla. Ha vuelto a urgencias, ya que se encontraba peor, y le han confirmado la neumonía. Ha quedado ingresado en el hospital. El puto bicho va a causar estragos entre nuestros amigos y familiares. Estoy cabreado con el virus, con los “HappyFlowers balconarios”, con los conspiranoicos, y con la puta madre que nos parió a todos.
Pero voy a hablar, sí o sí, de los malditos superhéroes y, en concreto, de sus fieles seguidores en redes sociales. Por un lado, tenemos a los que ahora se burlan de la gente que se queja de la falta de previsión de nuestros gobernantes, indicando que se debería haber hecho una cosa u otra. Les denominan en tono de mofa “Capitán A-posteriori”. Desde luego coincido en que ahora lo prioritario es buscar una solución para salir ya de este caos. Pero me da miedo que, estos que tanto se ríen, se hagan fans del nuevo superhéroe que llegará al final de esta pandemia, el “Dr. Amnesia”. Tened en cuenta que una cosa es no estar todo el día quejándose del gobierno y dejarles actuar lo mejor que puedan, y otra es olvidar su ineptitud y mediocridad para prever algo sobre lo que todos los expertos nos estaban advirtiendo. Llegará el momento de pasar cuentas y luchar contra los vasallos del “Dr. Amnesia” que querrán que pasemos página inmediatamente.
Yo pienso luchar contra ese villano, no pienso olvidarme de todo esto.