domingo, 29 de marzo de 2020

Día 15 – Reparaciones de guerra


No sé cómo lo lleva el resto del mundo, pero esto se me está haciendo eterno. Imagino que cada  uno lo sufre a su manera, visto lo visto en redes sociales. Lo cierto es que veo gente que parece que se lo está pasando estupendamente. Imagino que debe ser un tipo de fachada para contradecir la manida frase “la cara es el espejo de alma”. Es imposible que alguien se lo esté pasando bien. O lo hacen para engañar a la gente, para engañarse a sí mismo, o son auténticos artistas que amenizan a las tropas en tiempos de guerra. Y no lo critico, en cierto modo, los envidio. Aunque, como diría mi abuela: “no tengo el chichi para farolillos”.
    Yo soy guitarrista y cantante en una banda, pero lo que menos me apetece ahora es coger una guitarra y cantar en el balcón. Si, ya sé que en estos momentos el público está especialmente entregado, y que como artista y poseedor de un gran ego (todos lo tenemos, en caso contrario uno no
se subiría a un escenario), serían unos instantes de gloria para mí. Pero, no… no me interesa.
    Prefiero escribir en soledad estos diarios. Sé que mis camaradas del “Grupo Salvaje” me leerán, e incluso algún despistado más también lo hará. Yo leo los otros diarios, y me doy cuenta de que pese a la diferente forma de expresarnos, compartimos cosas en común. Y la principal es que estamos horrorizados ante esta situación. No por la propia pandemia en sí, sino por cómo se está gestionando nuestra hipotética salida de ella, si es que salimos algún día, o por si esto se convierte, por fin, en el archinombrado fin de la humanidad.
    Hoy quiero ser optimista y pensar que venceremos al bicho. Y como ya he escrito en otras páginas de mi diario, se tendrán que pedir responsabilidades. En el plano económico, no hay que ser muy inteligente para deducir que todo se va a la mierda. Yo tengo claro que muchas empresas van a quebrar, miles o millones de trabajadores van a quedar en la calle, y el nivel de pobreza va a aumentar, llegando a cotas que no se alcanzaban desde el final de la segunda guerra mundial. Sí, ese es uno de los motivos por los que no puedo salir al balcón con la alegría que les llena a muchos. ¿No veis cómo los líderes europeos son incapaces de consolidar un plan que nos pueda salvar de la más absoluta de las miserias? Tantos años hablando de los Estados Unidos de Europa, y no son más que unos egoístas, barriendo cada uno para su casa, y clavando un puñal por la espalda a quien te pueda arrebatar unos milloncejos de euros. Pero, es que estamos condenados a repetir nuestra historia, no somos un pueblo unido, nos hemos matado desde el principio de los tiempos.
    Es más, ahora desde el país donde todo se originó (dejemos de lado las teorías conspiranoicas), seguro que tienen sus ojos puestos en las principales empresas europeas que no van a aguantar esta crisis. ¿Y qué van a hacer? Pues comprarlas por cuatro céntimos. De oca a oca y tiro porque me toca. Me llamareis alocado, pero tengo claro que se van a hacer con las principales empresas del mundo.
    No son solidarios, nos están cerrando sus fronteras para que no les infectemos. Tiene huevos la cosa, cuando precisamente toda esta mierda viene de su casa. No están donando el material sanitario, lo están vendiendo. Están haciendo negocio gracias al desastre que ellos han causado. Desde luego, no sé si el virus se ha creado en un laboratorio, pero desde luego esta estrategia es digna del mejor plan organizado.
   Entonces tenemos dos frentes en esta guerra. El sanitario, luchando contra el virus, y el económico, luchando contra China. Cuando esta guerra termine, deberíamos unirnos y exigir, como al finalizar todas las guerras, reparaciones. Si a ellos se les ha ido de las manos, nosotros no tenemos la culpa de que nuestros dirigentes estuviesen en la luna de Valencia. Si esta mierda es culpa de ellos, que paguen. No me dan pena, tienen dinero. Somos nosotros, y sobre todo los pringados de a pie, los que nos vamos a quedar con lo puesto.
    Soñar es gratis… Morir también.