jueves, 19 de marzo de 2020

Día 4: DOLOR

Ayer me salté uno de mis propósitos  para esta cuarentena y  no escribí en mi diario. El poder plasmar mis vivencias en estas hojas en blanco es una de las maneras de no perder la poca cordura que me queda.

24h antes: día 3


El entumecimiento de mi hombro izquierdo hace acto de presencia desde el primer momento en que salgo de la cama. «¡Mierda! Hoy voy a tener un día de mierda». No me he tomado la primera taza de café  cuando los dedos de la extremidad se disponen a dormir unas horas extra, el hormigueo en las yemas es casi erótico, así que  aprovecho que mi mano se está anestesiando para ir al baño y hacerme una paja. Es como si te la hiciera un espectro… un ente.  No es una actividad relacionada con la soledad o el anhelo de contacto humano, tengo a mi mujer que, francamente, es una jodida máquina de follar. Más bien una un acto reflejo de onanismo involuntario.
    Me ducho, frotando insistentemente el prepucio enrojecido por la gayola efectuada.  
En el tiempo de tomarme la segunda taza de café me lío un Golden y me lo fumo lentamente,  disfrutando de las partículas cancerígenas mientras bailotean en mis pulmones.  El lado izquierdo de la espalda se me empieza a entumecer,  en cuestión de cinco minutos estará rígida cómo una tabla.
    —Buenos día,  cielo, ¿qué tal dormiste?
    —¡Me cago en mi puta vida! ¡Hoy será un día jodido!  Le grito a Raquel.
    Ella, sin mediar palabra, coge su humeante café y se marcha sin atisbo alguno de rencor.  ¡Joder! Cuanto quiero a esta mujer. Me tomo dos antiinflamatorios y un diazepam y me voy a la cama.  Bajo las persianas,  me tapo por completo bajo las mantas. ¡DOLOR! No quiero sentir nada ni a nadie,  quiero sumergirme en el vacío absoluto de la nada. No quiero existir. ¡DOLOR!... Una única palabra se cruza en mi mente antes de sucumbir al opiáceo sueño: Confinamiento.

Día 4:


Hoy me encuentro algo mejor,  tengo un par de motivos para sentirme más animado en mi perpetuo y eterno confinamiento de DOLOR.