Hoy
es un día aciago y triste. ¿Será verdad
lo que dicen, que las desgracias nunca vienen solas?
1985
una tarde cualquiera de verano:
Estoy tan absorto ojeando las páginas de
este libro que apenas me percato que en toda la biblioteca no hay una sola
alma. Cada página es un estallido de
color, el trazo firme y claro del
dibujante es tan nítido como esta tarde de verano. Acérrimos guerreros luchando
contra el sistema, un sistema que se empeña en arrasar con todo lo establecido
durante siglos (qué coño me iba a imaginar que los autores Goscinny y Uderzo
estaban advirtiéndonos de la nefasta y actual globalización). A ojos de un
chaval de 8 años tan solo eran historias divertidas, cargadas del humor blanco e
infinidad de aventuras con su respectiva ración de estopa.
En casa a penas teníamos los recursos para ir tirando, así que gracias a la biblioteca del pueblo se abrió ante mí una infinidad de puertas a mundos que de otra manera hubieran estado vetadas para alguien de mi posición social. Romanos, Druidas y galos me abrieron un camino que sigo transitando a día de hoy (la novela histórica es uno de mis géneros predilectos).
En esas horas de lectura no echaba de menos
el estruendo y algarabía de los demás niños, mientras jugábamos, estábamos la
antigua Roma y yo.
Día
9, la actualidad:
Nunca tendré las suficientes palabras para
agradecer a Goscinny y al recién fallecido Albert Uderzo por abrirme las puertas
de mundos inimaginables. Estaré eternamente agradecido. Para bien o para mal, gracias
a estos dos autores mi vida nunca volvió a ser la misma. Tan solo puedo homenajear y aplaudir a estos
magos en estas tristes y escuetas palabras. En este confinamiento arduo tengo
la sensación de estar enterrando una gran parte de mi niñez. ENTERRANDO MI NIÑEZ en estos días de angustia
encapsulada.
Estén donde estén seguro que vuelven a
estar juntos, maquinando nuevas historias para las almas desprendidas de lo corpóreo
Gracias R. Goscinny y A.Uderzo.