Me encanta el olor a napalm por la mañana.
Comienza el noveno día de guerra. ¿Me siento bien, como James Brown? Pues va a ser que no. Dentro de un rato saldré para ir al trabajo. Con salvoconducto, por supuesto. —Más madera, es la guerra. ¿Más madera o más maderos? ¿Ah, que no sabes lo que son los maderos? Claro, eres aún joven y tu culo huele a polvos talco, pero yo te lo explico. Los maderos eran unos señores que circulaban en una “lechera” (coche blanco) y velaban por el bien de todos. Del mismo modo que sus padres, “los grises”, que también cuidaban de la ciudadanía a base de mamporrazos. Luego vinieron los azules, que son los que están hoy en día, más modernos y dicharacheros, pero estaban tristes. Y es que hasta hace poco, solo les dejaban repartir hostias en momentos muy puntuales. Estamos para servir al pueblo (mis cojones) decían. Pero, por suerte, se les ha liberado de su ingrata carga. Ya puedes vacilar, asustar, amenazar, y si les apetece, darle un par de galletas a ese que está andando por la calle
Hoy, a primera hora, he salido a comprar. Suelo moderarme en las compras, ya que como aseguran que el abastecimiento no va a ser un problema, prefiero no cargar en exceso para que el que venga detrás de mí también encuentre algo que llevarse a la boca. No cargo el carro para poder estar yo quince días en casa y que se jodan los demás si no encuentran más que cuchillas de afeitar. La normas dicen que procuremos salir lo mínimo, e intento cumplirlas, muy a mi pesar, ya que yo nunca he sido de seguir ninguna norma, de hecho, ni las mías.
Me ha parado la policía.
—¿A dónde va? —me preguntan.
¿A dónde voy? A hacerme una paja si te parece.
Que estáis al servicio del pueblo, que no sois los amos del cortijo. Tenéis que hacer cumplir unas normas, lo entiendo. Estáis nerviosos y cansados, lo entiendo… ¡Pero coño! Que no somos todos delincuentes, que un poco de educación también favorece a hacer más llevadera esta situación.
Que es la guerra, gilipollas. No os habéis dado cuenta que nuestro amado gobierno, el que tanto piensa en nuestro bienestar, ha decretado que no se puede salir a la calle. Joder, ¿y por qué no lo decretaron antes? ¿Prohibir el fútbol les haría perder votos? ¿Aplazar la manifestación del 8M, a la que tanto recomendaban ir nuestra ministras, les haría parecer machistas? A estos políticos que viven de cara a la galería, que tan bien quedan en televisión, les importa una mierda nuestra salud. Y no hablo solo de los que están en el gobierno, hablo de todos. Hay que ser un espécimen repugnante para dedicar tu vida a la política. "Me entrego al servicio del pueblo", dicen. "Pero bien pagado", piensan.
Como bien decía ayer mi colega Daniel Aragonés, cuando esto pase vamos a tener que exigir responsabilidades. Y si muere mucha gente, tendrán que pagarlo, y pagarlo caro, mucho.
Bueno, que Satán nos pille confesados. Nos han ampliado quince días más la condena. Puto virus Charly.
Comienza el noveno día de guerra. ¿Me siento bien, como James Brown? Pues va a ser que no. Dentro de un rato saldré para ir al trabajo. Con salvoconducto, por supuesto. —Más madera, es la guerra. ¿Más madera o más maderos? ¿Ah, que no sabes lo que son los maderos? Claro, eres aún joven y tu culo huele a polvos talco, pero yo te lo explico. Los maderos eran unos señores que circulaban en una “lechera” (coche blanco) y velaban por el bien de todos. Del mismo modo que sus padres, “los grises”, que también cuidaban de la ciudadanía a base de mamporrazos. Luego vinieron los azules, que son los que están hoy en día, más modernos y dicharacheros, pero estaban tristes. Y es que hasta hace poco, solo les dejaban repartir hostias en momentos muy puntuales. Estamos para servir al pueblo (mis cojones) decían. Pero, por suerte, se les ha liberado de su ingrata carga. Ya puedes vacilar, asustar, amenazar, y si les apetece, darle un par de galletas a ese que está andando por la calle
Hoy, a primera hora, he salido a comprar. Suelo moderarme en las compras, ya que como aseguran que el abastecimiento no va a ser un problema, prefiero no cargar en exceso para que el que venga detrás de mí también encuentre algo que llevarse a la boca. No cargo el carro para poder estar yo quince días en casa y que se jodan los demás si no encuentran más que cuchillas de afeitar. La normas dicen que procuremos salir lo mínimo, e intento cumplirlas, muy a mi pesar, ya que yo nunca he sido de seguir ninguna norma, de hecho, ni las mías.
Me ha parado la policía.
—¿A dónde va? —me preguntan.
¿A dónde voy? A hacerme una paja si te parece.
—Voy a comprar —le respondo mientras me mira con mala cara. Con expresión de perdonarme la vida.
Esto es un país de garrulos, y no hay nada peor que darle a un anormal una gorra de plato para que se crea que es capitán general, y nosotros reclutas.Que estáis al servicio del pueblo, que no sois los amos del cortijo. Tenéis que hacer cumplir unas normas, lo entiendo. Estáis nerviosos y cansados, lo entiendo… ¡Pero coño! Que no somos todos delincuentes, que un poco de educación también favorece a hacer más llevadera esta situación.
Que es la guerra, gilipollas. No os habéis dado cuenta que nuestro amado gobierno, el que tanto piensa en nuestro bienestar, ha decretado que no se puede salir a la calle. Joder, ¿y por qué no lo decretaron antes? ¿Prohibir el fútbol les haría perder votos? ¿Aplazar la manifestación del 8M, a la que tanto recomendaban ir nuestra ministras, les haría parecer machistas? A estos políticos que viven de cara a la galería, que tan bien quedan en televisión, les importa una mierda nuestra salud. Y no hablo solo de los que están en el gobierno, hablo de todos. Hay que ser un espécimen repugnante para dedicar tu vida a la política. "Me entrego al servicio del pueblo", dicen. "Pero bien pagado", piensan.
Como bien decía ayer mi colega Daniel Aragonés, cuando esto pase vamos a tener que exigir responsabilidades. Y si muere mucha gente, tendrán que pagarlo, y pagarlo caro, mucho.
Bueno, que Satán nos pille confesados. Nos han ampliado quince días más la condena. Puto virus Charly.
—¡Good morning, Vietnam! Otro día más en primera línea.