Día 9, a 23 de marzo de 2020.
Son las 23:29 y, en un heroico acto, me he levantado de la cama para escribir estas líneas. Antes de comer me he pillado una mierda como un piano que me ha mandado directo a la cama. Me siento como esos fulanos en el Berlín de 1945, que ante una total adversidad se dieron al vicio hasta que acabó la maldita guerra. ¿Esta guerra está perdida? No lo sé. ¿Estamos en guerra? Ni zorra.
Desde que yo recuerdo, hay pocas veces en las que me he quedado medio inconsciente a base de privar antes de la hora de comer. Hoy era el día, un momento idóneo para sentirse patético durante un rato. Mi gran don, desmoronarme por completo espiritualmente y estar listo para la sangría pocas horas después. Menudo don de mierda, joder. Gott min uns, eso decía la hebilla de los soldados alemanes; si hubieran sabido que no hay ningún dios ahí afuera quizá les hubiera ido mejor. Yo sé que no hay ningún dios pululando por ahí y, sin embargo, me come la mierda. No hay fórmula para el éxito, simplemente circunstancias.
Realmente en estos momentos me ha hecho levantarme de la cama el compromiso con mis amigos del Grupo Salvaje, de escribir este diario y de la seguridad de que mi hermano corregirá esta verborrea sin sentido. Mañana espero recuperar un poco el sentido, si no es así, que me jodan.
Son las 23:29 y, en un heroico acto, me he levantado de la cama para escribir estas líneas. Antes de comer me he pillado una mierda como un piano que me ha mandado directo a la cama. Me siento como esos fulanos en el Berlín de 1945, que ante una total adversidad se dieron al vicio hasta que acabó la maldita guerra. ¿Esta guerra está perdida? No lo sé. ¿Estamos en guerra? Ni zorra.
Desde que yo recuerdo, hay pocas veces en las que me he quedado medio inconsciente a base de privar antes de la hora de comer. Hoy era el día, un momento idóneo para sentirse patético durante un rato. Mi gran don, desmoronarme por completo espiritualmente y estar listo para la sangría pocas horas después. Menudo don de mierda, joder. Gott min uns, eso decía la hebilla de los soldados alemanes; si hubieran sabido que no hay ningún dios ahí afuera quizá les hubiera ido mejor. Yo sé que no hay ningún dios pululando por ahí y, sin embargo, me come la mierda. No hay fórmula para el éxito, simplemente circunstancias.
Realmente en estos momentos me ha hecho levantarme de la cama el compromiso con mis amigos del Grupo Salvaje, de escribir este diario y de la seguridad de que mi hermano corregirá esta verborrea sin sentido. Mañana espero recuperar un poco el sentido, si no es así, que me jodan.