Lidia está durmiendo
(le hace mucha falta) y el niño está en el sofá, conmigo, ensayando para hablar
y riéndose a moco tendido. Tiene pinta de ser un futuro chapas, pero lo que no
sabe es que su padre también lo es, y más cuando le empiece a hablar de
literatura. Ya sé que nadie podrá superar sus charlas sobre compañeros de
guardería, ladrones de ceras y mierdas similares. Pero tendrá que considerarme
un sabio hasta que me supera y vea lo que realmente soy (jajajaja).
Estamos encerrados, sí, correcto, pero nos
queremos, nos amamos con locura y pasión. Es muy importante estar con tus seres
queridos en un momento como este. En mi caso, por ejemplo, echo mucho de menos
a mi hermano. Pero no pasa nada, él está bien (con su chica, Ioana, a la que
también quiero) y hablamos por teléfono todos los días. No está tirado en un
jodido pasillo de hospital, desatendido y viendo cómo pasan médicos y
enfermeras ataviados con bolsas de la basura, plásticos
del contenedor, gafas de buceador y mascarillas cosidas a mano (así va el tema cuando no te dan el equipo adecuado, es patético).
del contenedor, gafas de buceador y mascarillas cosidas a mano (así va el tema cuando no te dan el equipo adecuado, es patético).
En fin, es lo que hay, no se puede hacer otra
cosa. Por lo menos ya casi tengo mi carnet de Grupo Salvaje. Una pasada. Me
hace una ilusión que te cagas. En realidad nunca dejamos de ser niños. Es un
gusto compartir está cuarentena con mis hermanos de armas, sin ellos habría una
parte de mi cerebro muerta en estos instantes. Somos seis chavales haciendo
trastadas por internet.
Bueno, voy a ir despidiéndome, en esta
especie de día de la marmota. Y lo haré a mi manera:
A descalza perros, quiero aconsejar una
lectura para el encierro. La trilogía de Nueva York, de Paul Auster, compuesta
por Fantasmas, Ciudad de cristal y La habitación cerrada. Las
leí en un momento de encierro hace algunos años, cuando decidí dejar la mala
vida y pasarme al lado de la penumbra (nunca se abandona la oscuridad del
todo). La verdad es que ahondan bastante en ciertos temas relacionados con la
soledad y la búsqueda de uno mismo, como enfrentarte a tus propios demonios, la
locura, la redención, la extrañeza absoluta. La obra de Auster es así, y con
esta saga policiaca convirtió el género en otra cosa (para mi gusto), mucho más
metafísica.
¡A pastar!