Hace muchos años me
diagnosticaron distimia, producto de mis fobias, ya medio superadas (disimuladas).
La distimia me acompaña de siempre, y me vuelve un poco extraño. Me cuesta ser
feliz del todo, me falta esa capacidad para reunir las piezas necesarias y sonreír
como un puto borrego, soy incapaz, a veces la ansiedad me supera y me arrastra
al abismo de la irracionalidad. Fue mi hermano Javi el que me ayudó a sentir
felicidad y alegría (en esa casa de mierda), con él nunca hubo medias tintas.
Cogíamos, nos inventábamos frases o palabras y modificábamos el vocabulario y
el idioma. En serio, eran cosas muy estrafalarias que a día de hoy siguen
sacándome carcajadas. Aunque le saco diez años, le debo más que a cualquiera,
es mi confidente, mi mejor amigo y la única persona que jamás me ha fallado.
Siempre hemos estado ahí el uno para el otro, y desde que comenzó toda esta
mierda del confinamiento llevo sin verle, cosa que me jode muchísimo. Este
último año,
entre unas cosas y otras, ha sido muy extraño (leer resto diarios), y no nos hemos visto lo suficiente, cosa que tengo intención de revertir en cuanto pueda.
entre unas cosas y otras, ha sido muy extraño (leer resto diarios), y no nos hemos visto lo suficiente, cosa que tengo intención de revertir en cuanto pueda.
Después de toda esta chapa, hablaré de mi
día de ayer. Me levanté con mi hijo (para que mi mujer duerma un poco y no fallezca),
escribí el diario del día anterior, hice tiempo corrigiendo a mi gente de G.S.,
desayuné con mi mujer (a la que amo con todas mis fuerzas), cuidamos juntos de nuestro
hijo durante horas, practicamos sexo (para no morir deprimidos), tomé alguna
birra, jugamos a la play, cociné unas habichuelas, bajé a la perra un par de
veces y estuve casi 24 horas riendo, que es la única terapia contra la
estupidez humana. Charlar y charlar, comentar historias relacionadas con el jodido
Covid 19, leer alguna noticia aislada y pensar en la gran mentira que nos
quieren colar en el culo.
Después de una madrugada a intervalos llega
un nuevo día:
Leo el diario de Ryan y lo cierto es que me
río bastante (tengo un gusto exquisito para elegir amigos… jajajaja). Me
encanta lo que dice y cómo lo dice, esa jodida ironía tan hiriente me parece mágica.
Creo que la ocasión merece una micro historia mía, nada del otro jueves. Hace
años trabajé con payasos, para ser exacto con Leo Bassi (y un pequeño séquito
de Security Clown). Fue un periplo extraño en el que lo pasé de puta
madre. Me resultaba llamativo ver lo deprimente que era Leo cuando estaba en el
camerino y la energía que proyectaba cuando se subía en el escenario. Estar
allí con ellos cambió mi vida, y me hizo ver el lado bueno de mi problema con
la distimia. No pasa nada, todo tiene su cara y su cruz, solo hay que alimentar
las risas con llantos y los llantos con tristeza enlatada. Se trata de
canalizar.
Y ahora, ¡TACHÁN!:
Me gustaría convertir esto en un consejo
literario: Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll. Una novela crítica
en la que el protagonista es un payaso venido a menos.
PD: Al bueno de J.C.
decirle que donde estemos, aunque seamos polvo, jamás le pediré que juguemos a
la pelota. Aunque te pese aquí tienes un amigo que no te juzga. Abrazacos a
todo el Grupo Salvaje, sin vosotros canalizar sería una tarea compleja. El éter
nos envuelve.