martes, 7 de abril de 2020

DÍA 22: PESADILLA parte 1



Llevo un par de días que tengo sueños muy vívidos. Siempre me despierto con una sensación de vacío en el estómago. El sudor baña mi rostro, la carencia vascular está disparada, las pupilas dilatadas, la respiración acelerada…¡Mierdas! Otra pesadilla

PESADILLA:
Me encuentro corriendo por el bosque, mi corazón bombea como una manada de caballos, desbocado,  parece que se me saldrá por la boca. Estoy totalmente desnudo,  mis manos están laceradas por pequeñas heridas y mi cuerpo bañado en sangre, o eso creo. El púrpura elemento me cubre de pies a cabeza,  mi lengua recorre mis labios. Sí, el sabor metálico reafirma lo que creía,
estoy bañado en sangre. Tengo la sensación de que me observan, el terror se adueña de mí, y acelero el ritmo. Mis pies sufren pinchazos provocados por las ramas secas y las piedras del sotobosque,  un dolor agudo me atraviesa la espalda.  Respiro hondo el aire frío; el bosque desnudo me indican que es invierno.  Mientras estos pensamientos me invaden, parece que el miedo retrocede. Un lacerante dolor me recorre la pantorrilla y me desequilibro, caigo…     
    Oscuridad.
    Me encuentro en un claro en medio del bosque,  un grupo de personas se encuentran reunidas alrededor de una hoguera,  es pequeña, apenas sostiene una triste llama. “Seguro que son gente de ciudad”, pienso, pues no tienen ni puta idea de hacer un buen fuego. Sus risas cargadas de despreocupado desdén me taladran el cerebro de manera constante. Una chica se me acerca,  va totalmente desnuda, su pelo ensortijado rezuma olor de productos químicos,  seguramente  potingues de peluquería.  Me tiende un cuenco que contiene un líquido albarino, el olor es acre.  Sin titubear le pego un tiento. Está amargo, me calienta las tripas de modo inmediato. Acto seguido, un baile ridículo se propaga entre el grupo de hippies, no lo sé a ciencia cierta pero su indumentaria de colgantes, rastas y la falta de ropa me indican que son hippies. ¡Joder! No puedo con los hippies, y mucho menos con estos neo hippies de nuevo cuño, hippies de ciudad. Mis pensamientos se embarullan,  mi vista se desenfoca.  “¡Joder! ¿Qué me habéis dado?”, mi cerebro danza con lisérgica alegría,  la rabia crece sin cortapisas,  primero como un eco lejano, luego de forma contundente… mi corazón se apaga al ritmo de los timbales.
    Oscuridad

    Continúa en el día 23