No recuerdo desde cuándo empecé a deformar el vocabulario con toda la gilipollez de los juegos de palabras; pero de lo que sí que estoy seguro es de que esa vaina comenzó con mi hermano. Miles de idioteces y chistes malos a lo largo del tiempo: cómo bajar a por tabaco al Stankovic o prepararse un Kofi Anan por la mañana. Cuando era pequeño, e incluso ahora, muchos piensan que me dan ataques de risa así sin más, quizá únicamente mi hermano se dé cuenta de que se me ha pasado por la cabeza alguna mierda sin sentido para nadie más y que no tiene nada que ver con lo que estoy haciendo en ese momento. Me hace gracia casi todo, no lo puedo evitar, porque casi todo es moldeable hasta el punto de ser convertido en comedia. Odio los dramas, es demasiado fácil sentirse triste como para que venga algún hijo de puta con una historia de mierda a hacer que te sientas aún peor. Convertir la tristeza y la acidez de la vida en risas, eso sí que es el arte absoluto.
He presentido por la mañana que los dioses de la colada estaban furiosos, así que he decidido dejar eso de poner la lavadora para otro día. A Ioana le dolía la cara esta mañana, mi diagnóstico ha sido que era por ser tan guapa y el suyo algo relacionado con la congestión nasal. He ido a la farmacia antes de comer a pillar un spray de esos que te llegan hasta el centro del cerebro. La farmacia está cerca de casa y el paseo ha sido agradable, con el aire más libre de contaminación y gente histérica discutiendo en sus casas sobre dios sabe qué mierdas.
Ahora mismo es de madrugada, observo la nueva ubicación estratégica de la araña en la habitación; sobre la bandera confederada que tengo a los pies de la cama. Ella a lo suyo, yo a lo mío; ha entrado una mosca, espero que esa araña haga su trabajo. Extraño tomar birras con mi hermano y reírnos de esas gilipolleces que solo entendemos nosotros.