martes, 14 de abril de 2020

31 días sin marmota




Ayer tenía muchas ganas de escribir el diario de hoy, pero la cosa ha cambiado y todas esa ideas maravillosas se han colado por la taza del váter. Supongo que tener a un bebé quejándose todo el puto día me deja sin ganas de nada (tiene cinco meses y lleva así cinco meses). La gente dice que es normal, pero Lidia y yo sabemos que no. Ambos tenemos hermanos pequeños, en mi caso, le saco diez años, y recuerdo perfectamente cómo era de bebé, y no era un infierno continuo, día tras día. Voy a respirar hondo.
    Nuestro hijo es un infierno, y ya está, no pasa nada, le queremos igual. No hace falta que nadie me diga que todos los bebés son iguales, que si el suyo fue mucho peor, bla, bla, bla. No necesito que otros padres quieran hacerse amiguitos míos para compartir experiencias, o que cierta gente me venga con mierdas positivistas. Me tienen quemado los positivistas de los cojones, con su mierda, sus libros de autoayuda y sus frases de filosofía rosa. Mueren veinte mil personas de Covid 19 y todavía te dicen: «Bueno, pero mira toda la de recuperados que hay, es súper-ultra-mega-chachi-pilongui, la sanidad no va tan mal, crearemos chachi inmunidad y nuestros chochitos marineros y vuestras pelotillas esponjosillas se salvarán. Y entonces, comeremos algodón de azúcar y sufriremos de orgasmos espontáneos improvisados».
    No me queda nada y lo tengo todo, ¿cómo te comes esa mierda, amigo? Ahora resulta que puede que no tenga derecho a cobrar nada. Es la polla. Así se lo montan las empresas, incluso cuando el mundo se va a la puta mierda. Luego qué quieren, que personas como yo seamos unos come pollas, que vayamos por ahí sonriendo y con ganas de que nos sigan dando por el culo. Hace años que decidí ir por un camino, y por eso renuncié cierta promoción laboral. Preferí dedicarme al arte, a la escritura, a la música, a la edición. Mi oficio de ser humano normal siempre lo he utilizado para comer, pagar facturas y sufrir, ya está. Es ahora cuando he decidido tomarme más en serio la promoción laboral de humano de a pie. Y bueno, pues llega un virus y lo manda todo a tomar por culo, incluida la humanidad, y si no al tiempo.
    En serio, hoy no debería publicar nada. Todo lo que sale de mí es horrible. La culpa la tiene ese maldito trámite que quería realizar. Y luego el niño llorando. Y luego mi gata meando en el pasillo. Y la falta de tiempo.
    Tiempo real:
    Estoy sentado delante del ordenador. Tengo ansiedad porque no me siento libre en estos momentos. Es como si me tuviesen encerrado en una gran cárcel. Más que nunca, tengo ganas de huir. Fuera está nublado, hace algo de frío y no se mueve ni un alma, a excepción de los currantes, claro, que ellos no suponen ningún riesgo para expandir la pandemia porque son robots aborregados asintomáticos.