No soy como Carver o
Juan Cabezuelo. Podemos compartir concepto, pero la forma de escribir es muy
distinta. Soy incapaz de convertir lo cotidiano en arte, así es. Por mi parte
lo tengo que camuflar y reconvertir. Ellos pertenecen al minimalismo, al
realismo sucio más primitivo, cosa que me apasiona cuando está bien hecho. Ese
odio hacia uno mismo plasmado en el documento en blanco, oh, que maravilla. Me entusiasma
leer sus cosas, igual que a Bukowski o a Fante. Hasta qué punto lo que dicen es
real o imaginario. Ficción y realidad en un mismo plano imaginativo. Me resulta
tan necesario leer cosas así de auténticas, tan sencillas, tan reales.
Vale, ya me guardo la polla.
Digo esto porque acabo de leerme la entrada
del diario de Juan y me apetece coger todos los capítulos, pasarlos a un
documento y sentarme en el sofá a leer. Sería como una especie de novela basada
en el confinamiento, creada por Juan Cabezuelo, una de las personas que me
motivó para estudiar edición y conservar cierta fe.
Aunque él no lo sabe, su papel en mi vida
siempre ha sido más importante del que parece. Yo soy un tipo distante con el
mundo, parece que estoy, pero en realidad permanezco alejado. Aparento ser
abierto y dicharachero y luego soy reservado y serio. Mis dos seres queridos (wife
and brother) dicen que soy gruñón, incluso un enfadica, sin embargo,
lo compenso contando chistes, poniendo voces (es mi verdadero don), haciendo el
payaso todo día y sonriendo. La realidad es que odio la sociedad como ente
plural, un odio profundo e incurable que sentiré siempre (nihilismo, misantropía
y anarquía salvaje). Juan me salvó de forma inconsciente hace unos años. Cuando
ya no creía en el ser individual, apareció, se comunicó conmigo y consiguió abrir
una brecha en mi muro de protección. El resto de la historia no lo voy a contar,
como ya he dicho, esos relatos pertenecen a otros autores.
Vuelvo a realidad actual, que se nos escapa
el tiempo de pandemia:
Llevo dos cafés y tengo ganas de leer, lo echo
mucho de menos. Por ahora invierto mis horas de silencio, que son pocas y muy
preciadas, en corregir y dejar los textos de Crónicas de un encierro lo
mejor posible. No me da para más, es una pena. Bastante es que anoche pude ver
una película (revisionar). Disfrutamos de Cube (1998).
Esperad, que el niño llora.
Ya estoy aquí, ¿por dónde iba? No lo
recuerdo, así que cambiaré de tercio por completo y os aconsejaré Zombi, un
relato de Palahniuk perteneciente a Invéntate algo. Habla de lo tonta
que es la sociedad en general, de cómo nos dejamos arrastrar por la masa y convertimos
ciertos venenos en falsos beneficios que acaban con nuestros cerebros y nuestras
vidas. ¿Os suena de algo? Llevamos más de 18.000 muertos por culpa del Covic 19,
estamos encerrados en casa y solo nos dejan salir para mantener a flote la
economía. Me encanta pertenecer a la raza humana porque puedo odiar, sentir racismo,
padecer de intolerancia y denunciar a cualquiera que pase bajo mi ventana. También
me gusta hacer uso de la sátira e ironizar. Gracias, Palahniuk, por darle una
vuelta de tuerca al realismo sucio y hacer que odie aún más a la jodida raza
humana.
