miércoles, 15 de abril de 2020

DÍA 30 : ANIMALES




Llevo todo el día leyendo, más bien enganchado a los libros de la sangre de Clive Barker, ¡Joder! Que mala leche tiene este jodido escritor, mucha gente lo conoce por sus películas de terror. La más conocida,  Hellraiser. Sus novelas son mucho más oscuras,  más sangrientas, ¡Mierda, más de todo, una jodida maravilla!
    No sé cuántas horas llevo leyendo,  Kuro (mi gato) intenta llamar mi atención,  seguro que quiere comer.  Me levanto de la silla y le echo una ración de pienso pero ni la toca,  me hago un café,  prendo un piti y me vuelvo al estudio, en los altavoces de la biblioteca suena Wardruna. Mi intención es acabar el último capítulo del libro. Aún no me he asentado que Kuro me maúlla de forma estridente: “¡Serás cabrón!”, le grito. Comienza ha frotar su cabeza contra mi pierna,  “¡Joder, eres buena gente!”, le susurro,  extiendo los brazos y se sube en ellos,  le voy acariciando la barbilla,  comienza a ronear. Dejo el libro sobre la repisa,  este cabroncete es irresistible. Mientras me fumo el Golden doy pequeños sorbos al café ( sí, sé que lo menciono siempre,  pero es lo que hay) voy acariciando al gato,  él cierra los ojos y yo me dejo llevar por el sopor,  los ojos se me van cerrando… oscuridad.
   Un fuerte ladrido me despierta de  pronto, el gato aún está en mi regazo, se asusta y de un brinco se sube sobre las librerías, del impulso de sus patas contra mi cuerpo sus uñas me desgarran la piel. ¡Hijo de puta! El líquido escarlata brota de mi cuello,  Haru (mi perra) se percata de mi enfado y de lo inoportuno de su ladrido, se acurruca en mis pies mientras menea tímidamente  la cola.  No puedo evitar tocar su cabeza para tranquilizarla, se estira en el suelo cuán larga es. A la mierda la lectura,  hasta los ANIMALES requieren afecto aunque estemos todo el puto día juntos encerrados en casa,  con estar en el mismo cuarto no es suficiente. Me maldigo por mi falta de empatía y por olvidar que no hay amor más incondicional,  bueno, al menos Haru, el gato es un bastardo que pasa de todo y de todos, por eso me gusta esta especie.
    Puede que tantos días de confinamiento me estén pasando factura, demasiados días encerrado en estas cuatro paredes, sin mi estimada montaña, los bosques… creo que intento tener la mente ocupada la mayor parte del tiempo para no pensar en ello. No me gusta esta sensación, ¿me estaré ahogando? Aún no lo sé,  pero sin duda no volveré a cometer el error de hoy, los ANIMALES no tienen la culpa de que su amo se esté ahogando, o se raye o que sea una puta rata de biblioteca. No tengo excusa.
    Apuro el café, apago el cigarrillo, “¡Haru! —grito con tono cantarín— ¿Dónde está la pelotita?”