He descuidado un día mi diario. Lo cierto es que no ha sido por pasividad, ya que ha sido una jornada intensa. A través de las redes sociales estoy intentando seguir dando “vidilla” al bar que regento. Nos dedicamos, aparte de la restauración, a programar eventos, que han tenido que ser cancelados vista la situación pandémica. No sé a ciencia cierta cuándo se podrán reanudar estas actividades. La cosa pinta mal, ya que se escuchan voces (radio macuto) que afirman que nos podemos ir olvidando de conciertos en vivo por muchísimo tiempo. Es una lástima, ya que es uno de los grandes alicientes, para mí, de esta vida. Hoy he estado hablando con muchos músicos, y realizando con ellos actuaciones online. Si, ya sé que no es lo mismo, pero es lo que hay. Por ese motivo, me he saltado el día treinta y uno. He dejado el diario a medias con una reflexión que daba título a esa entrada… “De esta saldremos todos menos juntos”. Pero, ahora, en tranquilidad, a unas horas intempestivas, con unos cigarrillos y una lata de cerveza, mientras todos duermen, es el mejor momento para divagar.
Es curiosa la falacia de muchos eslóganes. Me hace mucha gracia el lema: “De esta saldremos todos juntos”. Y va a ocurrir todo lo contrario. Cuando el encierro termine, la distancia de seguridad personal será una de las imposiciones de convivencia principales. Sí, ya sé que se refieren a un concepto abstracto, no literal, de lucha conjunta de la sociedad. “Todos saldremos juntos” es algo parecido a que tenemos que remar, que vamos todos en el mismo barco, y tonterías de estas. Mensajes de Mr. Wonderful, y de coaches estafadores que repiten obviedades mezcladas con conceptos halagadores para que nos sintamos bien. “Querer es poder”, “No hay nada imposible“ y gilipolleces de esa índole, no son más que frases vacías que salen de la boca de un gurú que solo pretende llenarnos la cabeza de pamplinas y vaciarnos los bolsillos de dinero. Pero eso gusta a la gente, así que… Sí, saldremos más juntos… mis cojones sí que están juntos.
Todo este odio que corre por las venas de los nuevos inquisidores de balcón, toda la gente que ha sido insolidaria, los que han sido multados, los multadores, los familiares de los muertos, los happyflowers radiantes de felicidad, los que se queden en el paro, los que pierdan sus empresas, los que se queden en la ruina, las parejas que se disolverán por esta convivencia forzada, los enfadados y enfadadores de las redes sociales… ¿Todos estos van a salir más juntos y unidos? Yo diaria que no, llamarme tonto.
La desconfianza hacia el prójimo, el temor a que nuestro vecino sea portador de la enfermedad, todo esto va a causar mella en nuestro día a día. Hoy he visto carteles de vecinos dirigidos a empleados de supermercados y a personal sanitario (vecinos suyos), pidiéndoles que no volvieran a sus casas, que podrían contagiarles. Eso sí, luego a las ocho de la tarde a salir a aplaudirles. La gente es hipócrita, es como el rico que da limosna al mendigo el domingo al salir de misa, pero que no quiere tocarle. Esos aplausos son vacuos, no se dan desde el corazón, se dan desde el miedo, el terror a lo desconocido y, sobre todo, debidos al mayor anhelo de todos los idiotas… que otros les saquen las castañas del fuego.
Es curiosa la falacia de muchos eslóganes. Me hace mucha gracia el lema: “De esta saldremos todos juntos”. Y va a ocurrir todo lo contrario. Cuando el encierro termine, la distancia de seguridad personal será una de las imposiciones de convivencia principales. Sí, ya sé que se refieren a un concepto abstracto, no literal, de lucha conjunta de la sociedad. “Todos saldremos juntos” es algo parecido a que tenemos que remar, que vamos todos en el mismo barco, y tonterías de estas. Mensajes de Mr. Wonderful, y de coaches estafadores que repiten obviedades mezcladas con conceptos halagadores para que nos sintamos bien. “Querer es poder”, “No hay nada imposible“ y gilipolleces de esa índole, no son más que frases vacías que salen de la boca de un gurú que solo pretende llenarnos la cabeza de pamplinas y vaciarnos los bolsillos de dinero. Pero eso gusta a la gente, así que… Sí, saldremos más juntos… mis cojones sí que están juntos.
Todo este odio que corre por las venas de los nuevos inquisidores de balcón, toda la gente que ha sido insolidaria, los que han sido multados, los multadores, los familiares de los muertos, los happyflowers radiantes de felicidad, los que se queden en el paro, los que pierdan sus empresas, los que se queden en la ruina, las parejas que se disolverán por esta convivencia forzada, los enfadados y enfadadores de las redes sociales… ¿Todos estos van a salir más juntos y unidos? Yo diaria que no, llamarme tonto.
La desconfianza hacia el prójimo, el temor a que nuestro vecino sea portador de la enfermedad, todo esto va a causar mella en nuestro día a día. Hoy he visto carteles de vecinos dirigidos a empleados de supermercados y a personal sanitario (vecinos suyos), pidiéndoles que no volvieran a sus casas, que podrían contagiarles. Eso sí, luego a las ocho de la tarde a salir a aplaudirles. La gente es hipócrita, es como el rico que da limosna al mendigo el domingo al salir de misa, pero que no quiere tocarle. Esos aplausos son vacuos, no se dan desde el corazón, se dan desde el miedo, el terror a lo desconocido y, sobre todo, debidos al mayor anhelo de todos los idiotas… que otros les saquen las castañas del fuego.
No… Lo siento héroes, de esta no saldremos mas unidos.