martes, 28 de abril de 2020

45 días confitados




Dulcificados sean nuestros días de encierro obligado, macerando en azúcar como si fuésemos a estropearnos y no servir para nuestro cometido real, que no es otro que trabajar, producir y gastar. El ciclo del dinero que genera dinero y estatus al que tiene el dinero. Somos la calderilla del estado, los engranajes del consumismo, piezas reemplazables de un sistema industrializado basado en el sobreconsumo. Somos el trabajador que desea ir elegante en su tiempo libre y le compra la ropa a su propio jefe, que es el mismo que le alquila una casa, le vende la comida y le hace ver que no puede vivir sin un coche específico, una televisión de cincuenta pulgadas y los canales de pago de la compañía naranja
    Estamos encerrados en nuestros tarros de almíbar, sintiéndonos especiales y únicos, poseedores de la verdad absoluta, esperando que el juez de campo vuelva a dar el pistoletazo de salida y nos dejen salir a morir libremente, como siempre.
    ¿Y ahora va a cambiar el orden mundial? Y unos cojones. Lo que pasa es que la pantalla de juego de los mandamases se ha modificado, y para controlarnos tendrán que mejorar las habilidades de sus mandos y jugadores principales, ya está. Nosotros seguiremos dentro de estos tarros de almíbar, y nos seguirán confitando y utilizando poco a poco hasta que nos gasten y reemplacen por otros. Y seguirá siendo así porque nuestra autosuficiencia no existe. Tenemos unas necesidades, creadas por ellos mismos y nuestros dulcificados y  grises cerebros. Somos como las cabezas de Futurama, dispuestas a ocupar el cuerpo que nos digan y arrodillarnos como vasallos ante el que se hace llamar jefe, que no deja de ser un confitado más.
    Hace años que abandoné el jodido bote donde me tenían metido, sin embargo, sigo viviendo en el mismo sitio, hago casi las mismas cosas, pago un alquiler, voy a la compra, me dejo engañar, consumo literatura a mansalva y procuro ganar dinero para que mi espiral no se convierta en agujero negro y me absorba. La única diferencia es que conseguí ver Matrix, y lo utilizo dentro de mis posibilidades, que son más bien pocas si no quiero vivir al margen de la ley y acabar entre rejas. Me siento libre y me dejo engañar, que no es lo mismo que ser un borrego dentro de un rebaño que se ahoga en ignorancia. Por pequeños que sean mis gestos a mí me sirven para sentirme menos jodido, y eso es lo que en realidad importa.