martes, 28 de abril de 2020

Día 44. El programa de Garci.




Día 44, a 27 de abril de 2020

A 99 minutos para la medianoche, es lunes, un lunes solitario y absurdo. Después de toda una mañana barruntando qué tipo de bronca podría tener en casa al llegar, no había nadie; he perdido un tiempo irrecuperable que podría haber pasado con mi mujer, y todo por los caprichos de un ser destructivo y egoísta, historia viva de la humanidad. La situación es crítica, me he tomado la última birra que me quedaba en la nevera y ayer se acabó el whisky; mañana tengo que bajar a comprar a toda costa. La soledad nunca me ha molestado, pero a los débiles de espíritu les perturba. Aunque mi hermano me lleva tiempo advirtiendo de que la soledad conlleva sus peligros; cuando te instaladas en ella y te gusta, con el paso del tiempo va degenerando lentamente tu capacidad para relacionarte con los demás. Mis actitudes sociales nunca han sido mi punto fuerte, no sobrio al menos.   Mientras hacía las tareas domésticas mínimas para no vivir en una puta pocilga he estado recordando las noches de ver la televisión con mi hermano; en un tiempo pretérito en el que él vivía todavía en casa de mis padres. Creo que más de la mitad de las bromas que tengo con mi hermano vienen de esas horas riéndonos de las gilipolleces de la tele, más que con ellas desde luego. Eran tiempos de mierda para los dos, de hecho parece que nuestras vidas son tiempos de mierda, pero no cambiaría esos momentos por enmendar ni uno solo de los errores que haya cometido en la vida. Concretamente estaba recordando el programa de cine que tenía Garci, una especie de duelo para ver quien se reía antes con ese puto coñazo…siempre perdía yo, jajajaja.
   En el camino de casa al trabajo me he encontrando con unas calles rebosantes de actividad, sin duda no somos alemanes ni daneses; aquí no existe la conciencia del bien común. Es triste, pero la sociedad española siempre ha enmascarado con chascarrillos lo patética que resulta, con la premisa de que tenemos un sentido del humor desbordante se trata de tapar todas sus carencias. Voy a hacerme otro cigarro y a echarme un vaso de agua e imaginarme que es una cerveza; disfrutar de mi soledad hasta que sea interrumpida y descansar para poder seguir engrasando la moribunda maquinaria económica un día más.