martes, 28 de abril de 2020

Día 45. Entre bulos y bulas.


Cuarenta y cinco días de una cuarentena que técnicamente debería ser de cuarenta y que estaba prevista inicialmente de catorce, y lo que es peor, que no sabemos cuánto durará. Deberíamos empezar a llamar a las cosas por su nombre. Llamamos maratón a carreras de doce, trece, o catorce kilómetros, cuando deberían tener cuarenta y dos con ciento noventa y cinco metros. Llamamos cuarentena a periodos de tiempo indeterminados, siendo más certero que nos hubiesen dicho que entrabamos en “sesentena” o “setentena”, más que nada para saber a lo que atenernos. Otra mentira más, o bulo, como está de moda llamarlas ahora. Bulos están llegando, provenientes de todos lados, a las redes sociales. Desde que beber lejía es bueno para prevenir el coronavirus, hasta que fumar evita que lo contraigas. Algunas pueden ser publicadas por personas que intentan «meter mierda» sobre la gestión del gobierno, y otras por «influencias» próximas al dogma gubernamental, para criticar a los
primeros. Dentro de todo este «batiburrillo» de informaciones falsas o medias verdades, navegamos todos los que estamos encerrados en casa, sin enterarnos de qué va la película. Hoy en día es difícil saber a ciencia cierta qué es un bulo y qué es realidad. Cuidado, me refiero a bulo como información tendenciosa que busca algún fin, que no todos los bulos se producen por estos motivos, hay algunos que lo hacen simplemente por ganar notoriedad, por ser el centro de atención. Días atrás ha habido uno muy gracioso, propagado por un «señor rebelde» del cual no citaré el nombre (se dice el pecado pero no el pecador) para no darle más publicidad de la que ya ha conseguido por sus propios medios. El caso es que se grabó un vídeo en su lugar de trabajo, mostrando un instrumental que según él no estaba siendo aprovechado por el gobierno, y eso conllevaba muertes. A continuación lo publicó en redes sociales, y corrió como la pólvora. Debo confesar que la primera vez que lo vi me convenció su argumentación. En mi defensa diré que no tengo ningún tipo de formación en química o biología. Hasta estuve a punto de compartirlo, ya que su seguridad al hablar del tema me pareció total. Sin embargo, unos días después, veo un comunicado de prensa donde desmienten de un modo categórico todo lo que este «señor rebelde» afirma. Incluso alega en ese mismo artículo que se equivocó en sus afirmaciones. Lo más ridículo es que añade que lo publicaron sin su consentimiento, siendo eso totalmente falso. Entiendo que se puede criticar una gestión, sea por parte de un gobierno, una empresa, o un particular. Pero dar datos falsos para criticar ya es harina de otro costal. Creo por su bien que, como él dijo, fue un problema de desconocimiento, ya que si se trata de malicia, podría haber incurrido en un acto delictivo. Si nos ponemos en el segundo caso, no estaría de más ir buscando un buen abogado (no están los tiempos para tonterías, o dicho en idioma postguerra civilista… No tiene el gobierno ahora el chichi para farolillos). En lugar de tratarse del primer caso, y ser una «metida de gamba», debería haber pensado en el refrán popular: «Manolete, si no sabes torear pa’ qué te metes».

Bien, hemos hablado de bulos, ahora le toca el turno a las bulas. Como ya sabéis, me gusta tirar de RAE, ya que no soy tan «listo» como el «señor rebelde». Tener bula para algo 1. loc. verb. coloq. Contar con facilidades negadas a los demás para conseguir cosas u obtener dispensas difíciles o imposibles.
    Aclarado este punto, tomemos como «bula» el permiso especial que ha concedido el gobierno para que los niños menores de quince años puedan salir a la calle acompañados de un progenitor. Esta «bula» tenía unos condicionantes, como limitación de tiempo, prohibición de acercarse demasiado a otras personas, etc. El caso es que se han visto fotografías que parecían de la feria de abril, o del primer domingo de rebajas en la puerta del Corte Ingles. Yo soy el primero en cuestionar, o criticar, las medidas tomadas por el gobierno. No me gusta que me manipulen, pero al final tendré que dar la razón a papá estado, visto lo visto. Necesitamos protección de adultos, ya que somos una sociedad de adolescentes caprichosos e inconscientes. Por culpa de estos irresponsables, es posible que la cuarentena se convierta en una «trescientossesentaycincotena».
    Entre bulos y bulas nos estáis jodiendo a todos. Menos aplaudir y más pensar en los demás, joder.