Estoy
en la cama, no tengo ganas de nada. Me cuesta un horror escribir estas cuatro
líneas. Hoy tengo un día de los malos.
El dolor sordo del hombro se me desplaza por
la espalda hasta pinzarme la pierna izquierda. No he dormido una mierda, siento
el traqueteo de Raquel haciendo tareas por la casa. Hoy no me levantaré de la
cama, persianas bajadas, manta hasta los
ojos, posición fetal. En total OSCURIDAD.
Intento ignorar las sacudidas eléctricas que
me provocan los nervios del hombro. No puedo desconectar, descansar ni
dormir, por mucha química que ingiera el
dolor no cesa. Los minutos se convierten en horas y las horas en días de
OSCURIDAD dolorosa.
No me apetece hablar, escribir, comer ni
tan siquiera fumar. Escribo estas líneas con la certeza de que serán frases cargadas
de amarga determinación, la OSCURIDAD me envuelve pero no me aplaca el puto
dolor.
No quiero aburrir al hipotético lector, y
mucho menos arrastrarlo en mis psicóticas reflexiones. Paro aquí, no tiene sentido continuar
llorando como un niño mal criado. Espero
que mañana este manto de agrio dolor se desvanezca en la bruma del olvido. Me
voy surfeando entre las olas oníricas de la OSCURIDAD.