Día 20, a 3 de abril de 2020
Un día que comenzó igual que tantos otros en mi vida: echarme un café, encender un cigarro y sentarme en el trono. Ojeando la prensa mientras vacío los intestinos me cuesta diferenciar la mierda que estoy viendo en mi móvil de la que está en la taza; al menos sé que la del váter es más fiable. Me hacen gracia todos esos que terminan sus publicaciones en las redes sociales con un #yomequedoencasa, es como un preso poniendo un #hoymequedoeneltalego. Obligan a las personas a hacer algo y aún así les convences de que lo hacen por decisión propia; así es como funciona la libertad individual. Te obligo a tener un trabajo de mierda, pero es lo que quieres; te obligo a pagar impuestos que van destinados a un montón de putas chorradas, pero es lo que quieres que hagamos con los impuestos; te aboco hacia una puta vida de miseria, pero joder, eso te encanta. Los políticos son como vendedores de aspiradoras a puerta fría, con la única diferencia de que tienes que acabar teniendo en casa el producto de alguno de esos hijos de puta. Si no compras ninguna de las aspiradoras, te acabarán mandando la que más guste a la mayoría y pasarán el recibo por tu cuenta bancaria.
Esta cuarentena se me va acabar haciendo corta, vivo con mi viejo y cuando acabé todo esto volverá a casa; mi mujer tendrá que volver a su habitación de alquiler y el mundo será un poco más gris otra vez. Mi padre es una persona insufrible, pero yo soy mercancía defectuosa del sistema y tampoco tengo otras posibilidades en este momento. Tengo un jefe al que explicar cómo hacer el trabajo, porque es un inútil, pero es él quien se lleva la pasta. He estado meses mirando pisos, pero sin un contrato fijo y con mis ingresos lo mismo me daría estar buscando una mansión en Hollywood Hills. El mundo de la igualdad de oportunidades es otra de las grandes mentiras, no todos partimos de la misma línea de salida. Da igual que seas mejor y con mayores cualidades si te disparan en las rodillas cuando empieza la carrera. Lisiado social sería un término que me gusta. Pero lejos de toda autocompasión, ya el mero hecho de no ser un gilipollas y un imbécil es todo un logro al alcance de pocos.
Mañana será otro día de cuarentena; me haré un café, me fumaré un cigarro y ojearé lo que haya escrito algún iluminado en la prensa.
Un día que comenzó igual que tantos otros en mi vida: echarme un café, encender un cigarro y sentarme en el trono. Ojeando la prensa mientras vacío los intestinos me cuesta diferenciar la mierda que estoy viendo en mi móvil de la que está en la taza; al menos sé que la del váter es más fiable. Me hacen gracia todos esos que terminan sus publicaciones en las redes sociales con un #yomequedoencasa, es como un preso poniendo un #hoymequedoeneltalego. Obligan a las personas a hacer algo y aún así les convences de que lo hacen por decisión propia; así es como funciona la libertad individual. Te obligo a tener un trabajo de mierda, pero es lo que quieres; te obligo a pagar impuestos que van destinados a un montón de putas chorradas, pero es lo que quieres que hagamos con los impuestos; te aboco hacia una puta vida de miseria, pero joder, eso te encanta. Los políticos son como vendedores de aspiradoras a puerta fría, con la única diferencia de que tienes que acabar teniendo en casa el producto de alguno de esos hijos de puta. Si no compras ninguna de las aspiradoras, te acabarán mandando la que más guste a la mayoría y pasarán el recibo por tu cuenta bancaria.
Esta cuarentena se me va acabar haciendo corta, vivo con mi viejo y cuando acabé todo esto volverá a casa; mi mujer tendrá que volver a su habitación de alquiler y el mundo será un poco más gris otra vez. Mi padre es una persona insufrible, pero yo soy mercancía defectuosa del sistema y tampoco tengo otras posibilidades en este momento. Tengo un jefe al que explicar cómo hacer el trabajo, porque es un inútil, pero es él quien se lleva la pasta. He estado meses mirando pisos, pero sin un contrato fijo y con mis ingresos lo mismo me daría estar buscando una mansión en Hollywood Hills. El mundo de la igualdad de oportunidades es otra de las grandes mentiras, no todos partimos de la misma línea de salida. Da igual que seas mejor y con mayores cualidades si te disparan en las rodillas cuando empieza la carrera. Lisiado social sería un término que me gusta. Pero lejos de toda autocompasión, ya el mero hecho de no ser un gilipollas y un imbécil es todo un logro al alcance de pocos.
Mañana será otro día de cuarentena; me haré un café, me fumaré un cigarro y ojearé lo que haya escrito algún iluminado en la prensa.