Es
la 1:00 de la madrugada, estoy metido en el capítulo de Narcos, el personaje
estrella, Pablo Escobar, hace acto de presencia. En un impulso de entusiasmo le jaleo a la TV:
“¡Ese es mi hijoeputa!”. Pedazo personaje se curra el actor Wagner Moura. Estoy
metido de lleno en esta jodida serie.
Sin
que yo me percate, Raquel se encuentra
sumergida en la pantalla del móvil,
seguramente chequeando el Twitter.
“¡Mal parido, gonorrea!”, grita uno de los subalternos
de Escobar. El martilleo de una Magnum es el detonante para una lluvia de
plomo, vísceras y sangre. “¡Reviéntale la puta cara a este cabronazo de la DEA!",
le grito al aparato. Sigo a lo mío ignorando todo a mi alrededor, los minutos pasan, estoy yo y la serie.
Nos quedamos mirando el uno al otro en
absoluto silencio durante cinco segundos. De golpe un par de risas histriónicas
estallan por toda la casa, no podemos parar de reír, se prolonga durante un
buen rato, me duele el estomago de tanto reír, después de tener un día de
monótono hastío la chispa de la vida y la alegría resurgen como una flor en medio
del ártico, incomprensible pero real. Del entorno más yermo a la vida más
luminosa, del desespero a la esperanza, de la muerte a la vida…DEL TERROR A LA
RISA.
Son las 2:30 de la noche , me fumo el
último “peta" y a la cama. Mañana será otro día y espero que tenga nuevas
sorpresas.