domingo, 5 de abril de 2020

Día 22 – Los dos patitos.


Día veintidós de cuarentena. Veintidós días encerrado, y lo que te rondare morena. Cuando yo cumplí veintidós años, un gracioso me llamó dos patitos y pretendía darme los mismos tirones en el pelo que los años cumplidos. Hoy descansa a veintidós pies bajo una cuneta, pero eso es otra historia.
    Ayer, mi compañero del Grupo Salvaje, Daniel Aragonés, reflexionaba en su diario sobre las consecuencias que nos dejará toda esta mierda en el subconsciente. Lo cierto es que pienso lo mismo que él, esto no lo vamos a superar fácilmente. No me refiero al estrés postraumático ni mariconadas de esas (perdón por mi falta de corrección política, y de empatía hacia los que la sufren), me refiero a que será algo que nunca olvidaremos, y quedara como un referente en nuestra memoria colectiva. Por cierto, en cuanto a la incorrección de antes, estás en tu derecho de bloquearme, enfadarte conmigo, insultarme, o hacerme la vida imposible en redes sociales. Pero también debo advertirte que la fosa a veintidós pies que cavé es grande y queda lugar para otro.
    Cuando yo era pequeño, recuerdo que si no quería comer mi abuela se enfadaba y me decía: “Una guerra tendríais que haber pasado”. Entiendo su alocución, ya que pertenecía a una generación que vivió la guerra y la postguerra. Fueros tiempos (según me han contado, claro) de mucha hambre, y comprendo perfectamente que personas que la sufrieron valoren la comida de una manera especial, casi con veneración. Los jóvenes (de aquella época) nos reíamos de ese tipo de frases. Éramos jóvenes, y como el noventa por ciento los adolescentes, gilipollas. Estábamos en la edad del pavo (que no la de los dos patitos). Pero a cada cerdo le llega su San Martín, y cuando nosotros ejerzamos de abuelos cebolletas, también tendremos nuestro tópico generacional. Hasta hace muy poco, no tenía claro cuál sería, pero… ¡Ay amigo, estos días lo hemos descubierto!
    —Abuelo, no quiero ir al colegio, me quiero quedar en casa —dirá nuestro nieto.
    — ¿En casa?... UNA CUARENTENA TRENDRÍAIS QUE HABER PASADO. Anda, tira para la calle —responderemos.
    Y es que si una cosa esta clara en esta vida, es que todo se repite en un maldito círculo. Etapas buenas y etapas de crisis se suceden irremediablemente. No hay generación que se salve, y cada una graba a fuego en su subconsciente lo que ha vivido. Y los jóvenes continuarán siendo gilipollas, y los abuelos pesados. El escenario es el mismo, solo cambian los protagonistas. El mismo sol, la misma tierra, el mismo cielo, y la misma madre pata cruzando el lago seguida por sus dos patitos.