Mi realidad actual es
un poco patética en estos momentos. El niño ocupa prácticamente cada minuto del
tiempo disponible. Llora por todo, no le viene bien nada, apenas duerme. Es un
rabias, el Rabias. Y que conste que no le culpo de nada, joder, bastante tiene
él con aguantarse y ser tan gruñón. De broma, solemos decir que no le gusta
este mundo, y no me extraña, menudo momento ha tenido para llegar, con esta
jodida pandemia, la gestión política que arrastra, el miedo social, y el jodido
lastre existencial de un ser humano venido a menos como raza dominante (somos
una broma cósmica).
Nos acostamos muy pronto. Sin película, sin
leer, sin serie (nos queda el magreo, bendito sea, y las bebidas alcohólicas).
La triste vida de los padres de un niño infernal es deprimente, diabólica y
disparatada. Y cuando digo niño infernal, creedme, lo es. A las once ya estoy
sobando. Pero a las doce y media se despierta. Y a la una. Y a las dos, momento
que aprovechamos para darle su medicina para el dolor (está echando los dientes
con cuatro meses, y lleva así tres semanas). Se despierta a las cuatro y ya no
se duerme, sin embargo, no se conforma con no dormir, NO, tiene que dar grititos.
Intento volver a dormirle, como las veces anteriores, pero al final tengo que
levantarme. El cabronazo parece tener un radar, y en cuanto lo poso en el sofá,
sin intención de nada por mi parte, cae como un losa y se duerme. No, amigos,
no vale con volver a la cama, os lo
aseguro, si lo mueves date por jodido.
Ahora, después de haber repasado los textos
de mi gente de G.S., estoy escribiendo lo mío (nada del otro mundo, como veis).
Y aprovecho para hacer una referencia a la fosa que tiene el Sr. Ryan: Estimado
amigo, probablemente llenemos ese agujero de hijos de puta, cada día lo dudo
menos.
Escribo esto con las historias de todos
ellos en la cabeza, y lo cierto es que me gusta, me hace sentir vivo, me apasiona
saber que existen personas que piensan como yo, que comparten gustos y que sus vidas
también están llenas de obstáculos y de mierda. No me importa estar encerrado
(entiéndase, por favor). Lo llevo mucho mejor que otros. Lo único que echo de
menos es pasear a mi antojo, de la mano de mi mujer, charlando bajo el sol y
sonriendo a la jodida existencia; disfrutar del sábado en compañía de mi
hermano, tomando birras y riéndonos de cualquier gilipollez. En lo referido a
las relaciones humanas ajenas a todo esto, tuve tantas en mi día que hoy por
hoy me sobran. Solo tengo ganas de conocer a unos amigos a los que no he visto
nunca. Entablamos amistad gracias a las redes sociales y aquí estamos,
arrimando el hombro, haciéndonos el encierro dictatorial mucho más llevadero,
compartiendo opiniones salvajes y dejándonos ser. No existe nada mejor que la
libertad individual respaldada por la libertad individual de tu gente más
cercana.
Gracias a todos por leer esto y formar
parte de mi encierro. Al resto que os den por el culo, que para eso está.
