domingo, 5 de abril de 2020

Dos y dos suman 22




Mi realidad actual es un poco patética en estos momentos. El niño ocupa prácticamente cada minuto del tiempo disponible. Llora por todo, no le viene bien nada, apenas duerme. Es un rabias, el Rabias. Y que conste que no le culpo de nada, joder, bastante tiene él con aguantarse y ser tan gruñón. De broma, solemos decir que no le gusta este mundo, y no me extraña, menudo momento ha tenido para llegar, con esta jodida pandemia, la gestión política que arrastra, el miedo social, y el jodido lastre existencial de un ser humano venido a menos como raza dominante (somos una broma cósmica).
    Nos acostamos muy pronto. Sin película, sin leer, sin serie (nos queda el magreo, bendito sea, y las bebidas alcohólicas). La triste vida de los padres de un niño infernal es deprimente, diabólica y disparatada. Y cuando digo niño infernal, creedme, lo es. A las once ya estoy sobando. Pero a las doce y media se despierta. Y a la una. Y a las dos, momento que aprovechamos para darle su medicina para el dolor (está echando los dientes con cuatro meses, y lleva así tres semanas). Se despierta a las cuatro y ya no se duerme, sin embargo, no se conforma con no dormir, NO, tiene que dar grititos. Intento volver a dormirle, como las veces anteriores, pero al final tengo que levantarme. El cabronazo parece tener un radar, y en cuanto lo poso en el sofá, sin intención de nada por mi parte, cae como un losa y se duerme. No, amigos, no  vale con volver a la cama, os lo aseguro, si lo mueves date por jodido.

    Ahora, después de haber repasado los textos de mi gente de G.S., estoy escribiendo lo mío (nada del otro mundo, como veis). Y aprovecho para hacer una referencia a la fosa que tiene el Sr. Ryan: Estimado amigo, probablemente llenemos ese agujero de hijos de puta, cada día lo dudo menos.
    Escribo esto con las historias de todos ellos en la cabeza, y lo cierto es que me gusta, me hace sentir vivo, me apasiona saber que existen personas que piensan como yo, que comparten gustos y que sus vidas también están llenas de obstáculos y de mierda. No me importa estar encerrado (entiéndase, por favor). Lo llevo mucho mejor que otros. Lo único que echo de menos es pasear a mi antojo, de la mano de mi mujer, charlando bajo el sol y sonriendo a la jodida existencia; disfrutar del sábado en compañía de mi hermano, tomando birras y riéndonos de cualquier gilipollez. En lo referido a las relaciones humanas ajenas a todo esto, tuve tantas en mi día que hoy por hoy me sobran. Solo tengo ganas de conocer a unos amigos a los que no he visto nunca. Entablamos amistad gracias a las redes sociales y aquí estamos, arrimando el hombro, haciéndonos el encierro dictatorial mucho más llevadero, compartiendo opiniones salvajes y dejándonos ser. No existe nada mejor que la libertad individual respaldada por la libertad individual de tu gente más cercana.
    Gracias a todos por leer esto y formar parte de mi encierro. Al resto que os den por el culo, que para eso está.