Me encuentro caminando por la cuerda floja. Todo estaría bien si no fuese porque estoy borracho y no hay red. La caída puede ser dura, pero más duro es vivir autoengañado y rodeado de falsos algodones. El ser humano tiene grabado en su ADN la necesidad de sentirse seguro, y de eso se aprovechan los caudillos para tener al pueblo calladito y sin molestar. Ese es nuestro futuro, y digo muestro porque muy a mi pesar, vuestra cobardía arrastrará a muchos que no estamos deseando convertirnos en la obediente oveja del rebaño.
Cuando termine la cuarentena ya nada volverá a ser como antes. La personas renunciarán a la libertad a cambio de seguridad, igual que pasó después de la caída de las torres gemelas. Desde que empezó el nuevo milenio, poco a poco, las libertades individuales se han visto reducidas, Es un gran plan maestro, no se trata de una dictadura al estilo siglo XX, de un día para otro, y teniendo que
luchar duramente contra la resistencia. Esto es mucho más inteligente, es el “Plan Calzador”, también conocido como “Operación Vaselina”. Sigilosamente, los gobiernos nos van introduciendo su rabo por el culo, como quien no quiere la cosa. No nos damos cuenta, y un día nos despertaremos y confirmaremos que nos la han metido hasta el fondo. Y ese día está muy cerca.
Nadie se quejó cuando implementaron los controles en los aeropuertos, entendimos que era por nuestra seguridad. Nadie rechistó cuando nos dijeron que nos quedáramos en casa sin salir, entendimos que era por nuestra seguridad. Nadie protestará cuando tras esta pandemia, nos tengan más controlados, y tengamos que justificar a dónde vamos y de dónde venimos, tengamos que llevar en nuestra documentación justificantes de nuestro estado de salud, se nos prohíba entrar en según qué sitios a según qué horas. Y lo entenderemos porque es por nuestra seguridad. Vamos a cambiar nuestra libertad por seguridad, y luego tenemos el valor de decir que las putas son las mujeres que comercian con su cuerpo. No amigo, puta y vendido eres tú.
Pero sigue existiendo gente que no se siente a gusto con la seguridad, que prefieren cruzar la cuerda floja sin red y, si puede ser, borracho como una cuba. Porque en el riesgo está la emoción, y en la emoción está la vida. Y la vida sin muerte es como un jardín sin flores, como un desierto sin agua, como un humano sin valor. Morir, moriremos todos, lo importante es cómo y cuándo llegará ese momento, y cómo habremos disfrutado de nuestro paso por la vida. ¿Para qué quiero vivir más años si mi vida va a ser un cúmulo de actos monótonos?
Hay personas rebeldes, salvajes, que viven sobre el lema “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. Algunos no lo han conseguido, como los Rolling Stone, o yo mismo (Ya es tarde para mí, me es difícil dejar un bonito cadáver). Como escribí en mi última novela “Luz en el lado oscuro” (Open City 2017) hablando sobre los demonios, y se podría aplicar a este tipo de individuos, cito textualmente un párrafo:
Contrariamente a lo que piensa la gente, los diablos no vagan por la tierra sembrando el mal, sino que se recrean con libertad en los placeres banales de la vida: comida, bebida, y carne, hombres o mujeres, indistintamente. Siempre disfrutando de todo ello en beneficio propio y, a ser posible, sin hacer mal a ningún ser vivo.
Sigo en cautiverio, esperando la tan ansiada libertad que ya no llegará. Suspiro porque veo cómo será el futuro y no me dejarán hacer lo que más me gusta en esta vida, que es andar sobre la cuerda floja.
Sí, siempre he sido un funambulista borracho, y me gustaría seguir siéndolo.
Cuando termine la cuarentena ya nada volverá a ser como antes. La personas renunciarán a la libertad a cambio de seguridad, igual que pasó después de la caída de las torres gemelas. Desde que empezó el nuevo milenio, poco a poco, las libertades individuales se han visto reducidas, Es un gran plan maestro, no se trata de una dictadura al estilo siglo XX, de un día para otro, y teniendo que
luchar duramente contra la resistencia. Esto es mucho más inteligente, es el “Plan Calzador”, también conocido como “Operación Vaselina”. Sigilosamente, los gobiernos nos van introduciendo su rabo por el culo, como quien no quiere la cosa. No nos damos cuenta, y un día nos despertaremos y confirmaremos que nos la han metido hasta el fondo. Y ese día está muy cerca.
Nadie se quejó cuando implementaron los controles en los aeropuertos, entendimos que era por nuestra seguridad. Nadie rechistó cuando nos dijeron que nos quedáramos en casa sin salir, entendimos que era por nuestra seguridad. Nadie protestará cuando tras esta pandemia, nos tengan más controlados, y tengamos que justificar a dónde vamos y de dónde venimos, tengamos que llevar en nuestra documentación justificantes de nuestro estado de salud, se nos prohíba entrar en según qué sitios a según qué horas. Y lo entenderemos porque es por nuestra seguridad. Vamos a cambiar nuestra libertad por seguridad, y luego tenemos el valor de decir que las putas son las mujeres que comercian con su cuerpo. No amigo, puta y vendido eres tú.
Pero sigue existiendo gente que no se siente a gusto con la seguridad, que prefieren cruzar la cuerda floja sin red y, si puede ser, borracho como una cuba. Porque en el riesgo está la emoción, y en la emoción está la vida. Y la vida sin muerte es como un jardín sin flores, como un desierto sin agua, como un humano sin valor. Morir, moriremos todos, lo importante es cómo y cuándo llegará ese momento, y cómo habremos disfrutado de nuestro paso por la vida. ¿Para qué quiero vivir más años si mi vida va a ser un cúmulo de actos monótonos?
Hay personas rebeldes, salvajes, que viven sobre el lema “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. Algunos no lo han conseguido, como los Rolling Stone, o yo mismo (Ya es tarde para mí, me es difícil dejar un bonito cadáver). Como escribí en mi última novela “Luz en el lado oscuro” (Open City 2017) hablando sobre los demonios, y se podría aplicar a este tipo de individuos, cito textualmente un párrafo:
Contrariamente a lo que piensa la gente, los diablos no vagan por la tierra sembrando el mal, sino que se recrean con libertad en los placeres banales de la vida: comida, bebida, y carne, hombres o mujeres, indistintamente. Siempre disfrutando de todo ello en beneficio propio y, a ser posible, sin hacer mal a ningún ser vivo.
Sigo en cautiverio, esperando la tan ansiada libertad que ya no llegará. Suspiro porque veo cómo será el futuro y no me dejarán hacer lo que más me gusta en esta vida, que es andar sobre la cuerda floja.
Sí, siempre he sido un funambulista borracho, y me gustaría seguir siéndolo.